Cuadros falsos de Vicent van Gogh

 


OBRAS FALSIFICADAS DE VICENT VAN GOGH


Entre los años 1928 y 1932 el mercado de arte de Berlín se vio sorprendido por un gran escándalo que llevó a dos procesos judiciales tras los cuales un importante marchante de arte fue condenado a un año y siete meses de prisión y al pago de una multa que oscilaba los 30.000 marcos. A pesar de todo, la identidad de la persona que pintó casi 30 cuadros que destacados historiadores, galeristas y coleccionistas habían tomado por obras de Vicent van Gogh y por las que habían llegado a pagar unas grandes cantidades de dinero, nunca llegó a conocerse.  

La estafa se conoció a raíz de una exposición del pintor holandés llevada a cabo en la Galería Paul Cassirer en 1928. Todas las pinturas provenían de la galería de Otto Wacker, situada en la vía berlinesa de Victoriastrabe. De repente, a partir de 1925, el propietario, que antes de hacerse marchante se habia ganado la vida como bailarín erótico con el pseudónimo de Olindo Lovaël, comenzó a ofertar a sus clientes obras de Van Gogh. Cuando alguno de sus clientes se interesaba por el origen de los cuadros, de los cuales nadie había oído hablar en aquel entonces, explicaba que provenían de Suiza y que el propietario de ellos era un ciudadano ruso cuyo nombre no podía desvelar. Algunos dedujeron que en realidad existía una relación amorosa entre Wackner y el supuesto coleccionista. 

Aquella historia tan poco creíble fue suficiente para que los amigos de Wackner, que estaban muy interesados en sacar provecho del boom que estaban teniendo las obras de Van Gogh, empezaran a quitárselas de las manos llegando a pagar entre 25.000 y 50.000 marcos. Poco tiempo después, las galerías Glaser, Goldschmidt y Matthiesen de Berlín, la Commeter de Hamburgo y la Thannhauser de Múnich se encargaron de dar salida a las obras pictóricas y venderlas entre los coleccionistas privados más importantes de la república de Weimar. Entre éstos se encontraban el fabricante de calderas de calefacción Otto Krebs, residente en Holzdorf, el empresario Max Silberberg, propietario de una empresa metalúrgica en Breslau, y Elsa Wolff-Essberger, esposa de un armador de Hamburgo. Incluso el Museo Kröller-Müller de Otterlo (Holanda) y la National Gallery de Washington llegaron a poseer uno de los Van Gogh de Wackner. Renombrados expertos como Julius Meier-Graefe, Hans Rosenhagen o Henricus P. Bremmer habían certificado su autenticidad y la mayoría de ellos apareció en el catálogo razonado de Jacob-Baart de la Faille, publicado poco antes.

En realidad, el descubrimiento de esta gran estafa se produjo de forma casual. Para el 15 de enero de 1928 la Galería Cassirer había anunciado la inauguración de una exposición en la que se mostrarían unas 90 obras de Vicent van Gogh. El fundador y propietario de ésta, Paul Cassirer, había fallecido dos años antes tras suicidarse en el bufete de su abogado el día que su mujer, la actriz Tilla Durieux, le anunció el divorcio, y por aquel entonces la empresa se encontraba en manos de sus empleados Grete Ring y Walter Feilchenfeldt

Poco antes de la apertura, ambos echaron un vistazo a 4 pinturas  que todavía no habían sido colgadas y que estaban en el suelo justo debajo del lugar reservado para ellas. Grete Ring, que había sido la encargada de recibir la última entrega, abandonó la galería antes de que el personal colocara estos últimos cuadros, aunque dándole vueltas a algo que no acababa de convencerla. Parecía como si aquellos 4 lienzos desentonaran con el resto de obras del autor. Al final, decidió llamar a su amigo Walter Fielchenfeldt y examinar juntos las obras. El veredicto no se hizo esperar: era más que evidente que los 4 cuadros, que ninguno de los dos había escuchado nunca hablar de ellos ni habían visto nunca y que provenían todos ellos de la galería de Otto Wacker, eran falsificaciones. El susodicho fue encarcelado, fue condenado a un año y siete meses de cárcel y a una multa de 30.000 marcos, a lo que había que añadir trescientos días más de reclusión en caso de no poder hacer frente a la sanción económica. Otto Wacker ingresó inmediatamente en prisión porque existía un considerable riesgo de fuga. 

Tras la Segunda Guerra Mundial el antiguo galerista comenzó una nueva vida como bailarín y profesor de baile en la zona de ocupación soviética con su antiguo pseudónimo, Olindo Lovaël, y hasta su muerte en los años 70 se negó rotundamente a revelar quién había realizado las falsificaciones. Puesto que durante la investigación se habían encontrado dos falsificaciones más en casa de su hermano Leonhard, muchos consideraron que él era el autor de los cuadros. No obstante, algunos testigos, como el médico personal de Otto Wacker, afirmaron que el estafador les había confesado que en realidad las pinturas habían salido de las manos de su padre, Hans. Eso explicaría por qué un hombre que siempre había pasado apuros económicos y que había trabajado como jornalero, herrero y sirviente se había permitido comprarse una enorme casa en la localidad de Ferch, junto al lago de Schwielowsee en el año 1928, justo antes de que saliera a la luz el escándalo de las falsificaciones. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario