Graffiti: arte o vandalismo

El mundo del graffiti no suele dejar indiferente a nadie. Estas pintadas son consideradas como arte por muchas personas, atendiendo a criterios estilísticos y formales. Pero también es verdad, como decía Ana Botella, que "algunos graffitis son vandalismo" y que existen graffiteros que no tienen consideración con el ambiente que les rodea. ¿Arte o vandalismo? Lo debatimos en estas líneas.

En la vida en general y en el mundo del arte en particular, tendemos a los extremos y a que todo es o blanco, o negro. Y con el graffiti las opiniones suelen ser aún más dispares, porque es una disciplina que casi te obliga a emitir un juicio de valor en el momento en que la ves.

Lo que sucede es que desde aquella lejana década de los 60 en la que surgen estas pintadas con aerosoles, hasta el día de hoy, hemos podido ver la evolución que ha tenido el graffiti como disciplina artística e incluso como hay determinados graffiteros que se han convertido en auténticos artistas del más alto nivel, reconocidos y cotizados internacionalmente.

El problema está, de forma clara además, en aquellos que no son capaces de respetar. Esos que para plasmar sus pintadas, independientemente de la calidad que estas tengan, no tienen reparos en dañar parte de nuestro patrimonio.

Cuantas veces habremos visto como los servicios de limpieza limpian graffitis en monumentos, fachadas, medios de transporte… Zonas en las que, en definitiva, a nadie debería ocurrírsele dejar ningún tipo de pintada, puesto que suponen auténticos actos vandálicos contra nuestros propios municipios y ciudades.

Pero sería injusto quedarnos solo con eso, más aún a sabiendas del origen rebelde que tuvo la disciplina del graffiti en sus primeros pasos y que forma parte indisoluble de su propio ADN, por mucha evolución que sufra y que vaya a sufrir de aquí en adelante. 

Y es que hay nombres que han engrandecido el nombre del graffiti, llevándolo a otro nivel y catalogándolo como una disciplina artística más, a la altura de cualquier otra pero conservando todas sus particularidades. El ejemplo más claro y evidente es, sin duda, el de Banksy.

El graffitero británico, del que aún a día de hoy se sigue sin saber mucho más aparte de su pseudónimo, encabeza todas las listas como el mayor referente del mundo del graffiti. Sus obras, presentes ya en rincones de todo el mundo, han alcanzado incluso los salones más importantes de subastas, como fue el caso de Sotheby's, adonde el artista destruyó en directo una de sus obras para hacer una crítica al mercado.

Precisamente esa histórica crítica, que quedó grabada por las cámaras de Sotheby's, nos puede servir como reflexión final para nuestro artículo. El graffiti empezó siendo denostado, por su origen y porque no dejaba de ser un acto de rebeldía que en muchas ocasiones suponía un problema para las propias clases sociales a las que se trataba de reivindicar.

Aunque los actos vandálicos se siguen sucediendo y necesitamos dar más concienciación en este sentido para educar en el respeto al patrimonio y a lo que es de todos, el graffiti hace ya mucho tiempo que dejó de ser simplemente eso, para convertirse en una manifestación artística que genera dinero y que fomenta incluso el turismo hacia algunos lugares.

Por lo tanto, llegó el momento de dejar las dualidades, de pensar solamente en binario y en el clásico blanco o negro, para comprender que el graffiti va mucho más allá de los actos vandálicos y que en nuestras manos está educar, para conservar nuestros monumentos, pero también para respetar un arte que cada vez es seguido por más y más gente.

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