El desnudo femenino a lo largo de la historia del arte



¿CÓMO SE HA REPRESENTADO EL DESNUDO FEMENINO A LO LARGO DE LA HISTORIA DEL ARTE? BREVE RECORRIDO: DE LA VENUS DE WILLENDORF A LA OBRA DE COURBET

Breve historia del desnudo femenino en el Arte

El desnudo femenino ha sido una constante a lo largo de la Historia del Arte. Para encontrar la primera representación tenemos que viajar hasta hace unos 25.000 años, donde encontramos las famosas Venus prehistóricas, figurillas sin rasgos en el rostro y en las que se representan los atributos femeninos de manera desproporcionada, con senos y vulvas muy abultados, quizá para propiciar la fertilidad del grupo.

Buenos ejemplos son la Venus de Willendorf o la Venus de Laussel.

Venus de Willendorf (30.000-25.000 a.C.)

Saltamos hasta el Antiguo Egipto, donde se han conservados escasos ejemplos de desnudos femeninos, basándose la sensualidad en insinuar las curvas de la mujer bajo ropas de telas muy livianas. Aunque es cierto que en las representaciones de los dioses Geb y Nut se ven los genitales, con un acusado miembro viril y un sexo femenino esquemático reducido a un triangulo negro.

Ahora vayamos a la Grecia antigua. Aquí, conforme el arte evolucionó, se fue desnudando a la mujer, pasando de los paños mojados de las cariátides del Érechthéion a los suaves denudo de Praxíteles. Famosa es su Afrodita o Venus de Cnido, que se asegura de cubrir su sexo con la mano.

Venus de Cnido, Praxíteles (360 a.C.)

Ya en la Roma imperial se introdujo el realismo en los retratos, aunque cierto es que las representaciones de emperadores y emperatrices seguían siendo bastante idealizadas, pero identificables por los rasgos individualizados de los rostros. Otra cosa diferente encontramos, por ejemplo, en las pinturas no oficiales, como las que decoraban lupanares o ciertas partes de las casas.

Un buen ejemplo lo encontramos en el Museo Arqueológico de Nápoles, que conserva escenas de lupanares pompeyanos que conforman un catálogo de prácticas sexuales de todo tipo y donde la mujer aparece completamente desnuda y mostrando todos sus atributos.

Escenas de lupanar pompeyano

Escenas de lupanar pompeyano

Aunque se cree que la aparición del cristianismo acabó con el desnudo femenino o, al menos, lo recató, se pueden encontrar ejemplos de desnudos explícitos en edificios religiosos, eso si, relegados a zonas secundarias, como capiteles o claves de bóveda.

Para ilustrar esto, que mejor que la imagen que se encuentra en uno de los capiteles de la Colegiata de Cervantos (Cantabria) en la que aparece una mujer, con las piernas abiertas, mostrando la vulva en todo su esplendor. 



Los códices medievales también esconden desnudos femeninos, la mayoría aludiendo a Eva, como el Codex Emerialenses (994) conservado en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en el que vemos a Eva desnuda, con una anatomía muy poco natural, pero con su sexo bien oculto tras una gran hoja de parra.

Y así llegamos al Renacimiento, donde el desnudo femenino se hizo adalid de esta corriente, pero un desnudo delicado y casi siempre relacionado con temas mitológicos donde, en ningún momento, se mostraba la vulva y, mucho menos, el vello púbico, ya que la representación explícita del sexo femenino no formaba parte de los cánones de virtud y belleza de la época, siendo uno de los mejores ejemplos la obra El nacimiento de Venus de Boticelli, donde la diosa cubre su sexo con su larga melena.

Pero podemos encontrar excepciones, como la de Hans Memling en su obra Vanidad, con una joven desnuda sin censura, con pechos idealizados y la vulva con algún apunte de vello púbico.

Vanidad, tríptico de Memling (1485)


El Barroco mantuvo esa indefinición del sexo femenino, mostrando como mucho el monte de Venus, pero sin alusión explícita. Hasta Rubens, con sus sensuales desnudos como en Las tres gracias, lo oculta.

En el siglo XVIII, entre el Rococó y el Academicismo, se realizan obras eróticas que en su momento llegaron a escandalizar. Y si hablamos de Rococó hablamos de Fragonard, creador de la imagen del voyeur por excelencia con su obra El columpio, donde un joven, tumbado en la hierba, es el único que puede ver qué hay bajo las faldas su amada, que se balancea en un columpio, con una actitud entre inocente y coqueta.

El columpio, Fragonard (1767)

Viajemos a la España de principios del siglo XIX. Goya es citado por la Inquisición para rendir cuentas por su escandalosa obra La maja desnuda. Y es que Goya creó una nueva concepción del desnudo femenino, sin usar ninguna excusa para su representación. La protagonista, desnuda, mira directamente al espectador. El centro de la composición es el pubis, con un vello tratado de forma totalmente natural.

La maja desnuda, Goya (1795-1800)


Y precisamente será en el siglo XIX cuando se generalice la representación más realista del pubis, eso si, no se trata igual en el Academicismo que en el Romanticismo, y mucho menos dentro de las Vanguardias surgidas a finales de siglo.

Por ejemplo, los desnudos de Ingres tiene un refinamiento clásico en el que se elude cualquier alusión al sexo femenino y, en cambio, Delacroix ya se atreve a mostrar un incipiente vello púbico.

La gran Odalisca, Ingres (1814)


A finales de siglo, esta representación se fue normalizando y generalizando, pasando del recato de las jóvenes de Degas o Renoir al descaro de las prostitutas de Toulouse-Lautrec o las mujeres polinesias de Gauguin, con una gran negrura de vello púbico.

La bañera, Degas (1886)

María la gorda o la grande, Toulouse-Lautrec (1884)

A principios del siglo XX era común la circulación de fotografías de mujeres denudas, tachadas de pornografía y no de creación artística (que de todo había) y pese a haber apuntado que eso de ver el pubis en obras de arte se había normalizado, no estaba muy bien visto del todo.

Esta doble moral la sufrió Klimt, miembro de la Secesión Vienesa. En 1901, la revista Ver Sacrum, publicada por el movimiento, fue confiscada y destruida por incluir dibujos del pintor que, cito textualmente "sobrepasan las marcos de lo socialmente aceptado".

Aunque si hay un pintor polémico y acusado de pornógrafo, ese es Egon Schiele, con su desnudos de jóvenes en posturas muy explicitas y mostrando un sexo cubierto de vello.

Dos mujeres echadas y entrelazadas, Schile (1915)

A pesar de que el siglo XX será definitivo, aparentemente, para mostrar sin tapujos el sexo femenino en las obras de arte, el pobre Modigliani sufrió el cierre de su exposición en 1917 por sus desnudos, que mostraban vello púbico.

El gran desnudo, Modigliani (1917)

Ya con Tamara de Lempicka u Otto Dix se ve una representación sin tapujos y sin pudor, como también harían surrealistas como Magritte o Dalí.

Grupo de cuatro desnudos, Tamara de Lempicka (1925)

Si bien es cierto que esto es un recorrido a grosso modo por los grandes movimientos artísticos (sobre todo europeos) habría que ver cómo fueron tratados los desnudos femeninos en culturas como la japonesa o la africana, con una mentalidad distinta a la nuestra.

El origen del mundo, de Gustave Courbet

  • Cronología: 1866
  • Estilo: Realismo
  • Técnica: Óleo
  • Soporte: Lienzo
  • Medidas: 46x55 cm
  • Ubicación: Musée d'Orsay (París)

Es la primera vez en la Historia del Arte en la que se representa en primerísimo plano un sexo femenino, sin tapujos y sin pretextos, con abundante vello.

El cuadro lo ocupa en su mayoría el pubis de una mujer, a la que no vemos la cara, y de la que sólo podemos intuir parte de los muslos y el pecho, cubierto con una sábana blanca, aunque uno de ello asoma por ella.



Es una obra totalmente alejada de los códigos vigentes en los que el desnudo femenino se reservaba casi exclusivamente para temas mitológicos, pero desde luego nunca mostrando así el sexo de la mujer.

La técnica de Courbet es tan depurada que casi parece una fotografía y es que, parece ser, que usó la fotografía para realizar la obra, además de una modelo en vivo.

Los colores en tonos ámbar de la piel, sobre la tela blanca, contrastan con la oscuridad el abundante vello.
Aunque no conocemos cuál fue el nombre que le dio el pintor a esta obra, el que hoy lleva le viene que ni pintado.

La pintura fue un encargo del millonario y diplomático turco Khalil Bey, para su disfrute personal. Cuando Courbet se la entregó, Bey se la llevó a su mansión, donde permanecía oculta tras una cortina. La idea era que, cada vez que alguien quisiese verla, pareciera que estuviese asistiendo a un ritual prohibido.

Khalil tuvo que vender el cuadro para saldar deudas de juego. Permaneció en la tienda de un anticuario escondido tras un paisaje, seguramente con el objetivo de no escandalizar a su clientela.

De ahí, viajó a Hungría, donde colgó de la pared del barón Hatvany.

Tras la II Guerra Mundial fue adquirido por la pareja Jacques Lacan y Sylvia Bataille, que lo custodiaban bajo llave. Se cuenta que a Lacran le gustaba llevar a su amigos para mostrarles el cuadro y ver su reacción que, seguramente, serían parecidas a las de hoy en el Musée d'Orsay.

Al museo parisino llegó en 1995, ocupando por fin el lugar que se merece tal obra maestra, después de haber estado condenada a la clandestinidad desde su creación.

En 2014, Deborah de Robertis, artista luxemburguesa, realizó una polémica performance delante del cuadro. Se sentó delante de la obra y, abierta de piernas, exponía su sexo mientras se escuchaba un poema que decía:

"Yo soy el origen, yo soy todas las mujeres. No me has visto, quiero que me conozcas".


La acción artística puede verse en un vídeo que se encuentra fácilmente en YouTube.

Teorías sobre la protagonista de la pintura

Mucho ha dado de sí este tema y muchas son las teorías sobre la identidad de la modelo. 

En 2010, un investigador compró un cuadro de un rostro femenino, con la cabeza ladeada en actitud lasciva y que parecía haber sido recortado de una pintura. Tras analizar tamaños, técnicas y la posible procedencia, llegó a la conclusión que la protagonista era la irlandesa Joanna Hifferman, que ya había posado para otras obras de Courbet. La teoría tuvo, y sigue teniendo, detractores y seguidores.

Aquí el supuesto rostro de la protagonista de la obra.

Pero hace poco se ha conocido otra teoría, esta vez de la mano del investigador y escritor Claude Schoop, basándose en un cuadro y una errata en una carta. 

Apunta a que la modelo es la bailarina y "cortesana" Constance Quenault. Al morir, entre sus pertenencias, se encontró un cuadro de Courbet, Flores, de 1863, donde el artista pintó, entre otras flores, camelias, la flor de las cortesanas. 

Parece ser que Constance fue amante de los hombres mas importantes del momento y, casualidad, también lo fue de Khalil Bey, quien encargó la pintura a Courbet.

Además, Schoop encontró una carta de Alejandro Dumas en la que criticaba al pintor diciendo:

"No pinta su pincel el más sonoro y delicado interview de la señorita Quenault de la ópera para el turco que allí se alojaba de tiempo en tiempo..."

La clave está en la palabra "interview" que no es entrevista, sino interior, y que aparece subrayada en la carta. Esto, junto con la coincidencia del color de pelo de Constance con el del vello púbico, apuntan a que se ha dado con la protagonista.

Courbet y el Realismo



"La esencia del Realismo es la negación de lo ideal... La expresión de la belleza está en la relación directa con el poder de percepción adquirido por el artista"
Gustave Courbet

El Realismo surgió en Francia, a mediado del siglo XIX como reacción a las restricciones del arte académico. Movimiento creado por Courber, tomó su nombre, parece ser, de un bar parisino apodado "El templo del realismo", lugar de reunión de intelectualices y artistas del momento.

Es un arte naturalista, anticlásico, progresista y social. Su única fuente de inspiración es la observación directa del natural, pues el artista tiene una misión: denunciar las penurias de las clases más humildes. Courbet y los realistas consiguen elevar una escena, aparentemente de género, a la dignidad de una pintura de Historia.

La censura de las obras de arte en las redes sociales

Hoy no podemos entender nuestro día a día sin redes sociales y esto los museos lo saben, usándolas para hacer llegar a todos los rincones del mundo sus colecciones. Pero, ¿qué ocurre cuando una de sus obras de arte es censurada por su contenido?

Esta censura es culpa de los famosos algoritmos que, al ser automáticos, en el momento que detectan un pecho o una entrepierna (sobre todo femenina) eliminan la publicación. Da igual que sea una fotografía actual o una Venus de hace 30.000 años.

Sin ir más lejos, Rubens sufrió al censura de Facebook. Pero, lo más curioso, es que si vamos a su web, la red social asegura que autoriza las imágenes de pinturas, esculturas y otras obras de arte donde se muestren figuras desnudas. Aquí vuelven a entrar los algoritmos y su carácter automático y, hasta que no interviene la mano humana, no se puede restablecer al imagen.

Esta censura ha provocado que, hace unos meses, varios museos vieneses hayan usado redes sociales de contenido erótico para abrirse cuentas y así poder subir sus obras sin ningún tipo de censura.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

AZNAR ALMAZÁN, SAGRARIO; CÁMARA MUÑOZ, ALICIA; "Historia del Arte. Manual de acceso". UNED, 2010. Madrid.

DEL AMOR, CARLOS; "Emocionarte. La doble vida de los cuadros". Espasa, 2020. Madrid.

DE LA PEÑA GÓMEZ, MARÍA PILAR; "Manual básico de Historia del Arte". Colección Manuales UEX, 2006. Cáceres.

FATÁS, GUILLERMO; BORRÁS, GONZALO M.; "Diccionario de términos de Arte y elementos de Arqueología, Heráldica y Numismática". Alianza Editorial, 2006. Madrid.

ROLDÁN, MANUEL JESÚS; "Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte". Editorial Almuzara, 2018. Córdoba.

VV.AA. Enciclopedia "Arte al detalle: siglo XIX (vol. II)". DK editores. Círculo de Lectores, 2013.

EL CONFIDENCIAL
https://www.elconfidencial.com

MUSÉE D'ORSAY
https://musee-orsay.fr

MUY INTERESANTE
https://www.muyinteresante.com

SER HISTORIA
Programa del 16 de noviembre de 2021, sección "Tecnología y censura en el arte".

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