Las pirámides de Gizeh

 


PIRÁMIDES DE EGIPTO






Nos encontramos ante una de las obras arquitectónicas más conocidas por la Humanidad: las pirámides del Valle de Gizeh, o Giza, en El Cairo. Las tres pirámides de mayor tamaño corresponden a los faraones Keops, la más grande de todas, Kefrén y Micerinos. Éstas aparecen acompañadas de otras pirámides escalonadas menores y mastabas así como de templos. Fueron contruídas en el Imperio Antiguo, durante el reinado de la IV Dinastía, en torno al 2500 a.C.

 

La obra que comentamos, más bien obras, pues son varias, siendo las más importantes las tres que hemos mencionado, se tratan de edificios funerarios, tumbas, construidas con la finalidad de servir de enterramiento al faraón. De forma piramidal, estas tres pirámides pertenecen a la última etapa en la que se alcanza un grado máximo de perfección en la construcción de estos edificios tras un periodo de pruebas que se inició en torno al 2700 con la construcción de la pirámide escalonada del faraón Zoser en el complejo funerario de Saqqara. Realizadas con enormes bloques de piedra caliza cortados de manera regular en las canteras del sur de Egipto. Éstos fueron trasladados a través del Nilo y colocados "a seco", esto es, sin argamasa ninguna que los una. En el interior cabe destacar la "cámara del rey", situada en el centro y a la que se accede desde el lado norte, cuyas dimensiones reducidas contrasta con el tamaño monumental del conjunto. Fue construida con losas de granito. y en el centro se encuentra el sarcófago, del mismo material, en el que descansaba la momia del faraón. Sobre el techo se dispone una cámara de descarga con piedras colocadas a dos aguas que distribuyen el peso. Existe una segunda cámara, denominada por error "cámara de la reina", cuya función sería la de contener la representación del "doble" del faraón, que debía de servir de sustento al Ka de éste en caso de que el cuerpo fuese profanado o destruido. Es de planta rectangular, paredes lisas y techo a dos aguas. Al exterior la pirámide se recubría de losas de granito pulidas que le daban un aspecto blanco y brillante bajo la luz del sol y se remataba con un piramidón de metal que brillaba igualmente y simbolizaba el reinado del dios del Sol, Horus, sobre la tierra de Egipto, representada por los cuatro puntos cardinales hacia donde se direcciona la pirámide.

 

Sin duda, las pirámides, único resto superviviente de las siete maravillas del mundo antiguo, a pesar de su deterioro a causa del tiempo y de la acción de los hombres, sigue cautivando e impresionando. Nos encontramos básicamente frente a unas tumbas, acompañadas de sus respectivos templos. Sin embargo, para la mentalidad del egipcio antiguo, la pirámide era mucho más que una simple tumba. Era la residencia para la momia del faraón desde donde éste accedería a la "nueva vida". Era su construcción, por lo tanto, una prioridad, en el reinado de cualquier faraón y cabe mencionar lo sorprendente que aún hoy en día resulta su construcción en una época donde los medios técnicos eran precarios, no se conocían ni el hierro ni la rueda, así como la capacidad organizativa que tuvo que mostrar el estado egipcio a mediados del tercer milenio antes de  Cristo, cuando Europa aún vivía sumergida en la Edad del Cobre. Este hecho ha alimentado en la imaginación popular la imagen de esclavos empujando enormes bloques de piedra de varias toneladas de peso. Sin embargo, estudios arqueológicos realizados en las inmediaciones de las pirámides nos han hecho ver una realidad muy diferente en la que la construcción de la pirámide era una labor que involucraba a todo Egipto, considerada fundamental para la supervivencia del estado, y en la que los obreros eran bien alimentados y vivían en condiciones incluso mejores que la mayoría de los campesinos.

 

Las pirámides son sin duda el mejor representante el antiguo Egipto faraónico a pesar del breve periodo de tiempo en el que fueron construidos estos edificios, pues tras el final del Imperio Antiguo se abandonó la construcción de pirámides por nuevos tipos de tumbas, como los hipogeos, menos espectaculares pero que buscaban mayor discreción y seguridad a la hora de proteger la morada definitiva de los faraones de los saqueadores de tumbas. A pesar de ello, prácticamente todas las tumbas reales fueron saqueadas desde la antigüedad de manera, que tan sólo, la tumba de un joven faraón olvidado durante siglos, Tutankamón, consiguió permanecer intacta hasta su descubrimiento en 1922.



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Antonio Griguel

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