Monasterio San Ginés de la Jara

 


COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DEL MONASTERIO SAN GINÉS DE LA JARA


FICHA TÉCNICA

  • Título: Monasterio San Ginés de la Jara
  • Autor: Desconocido
  • Cronología: s. XVI- XVII
  • Estilo: Barroco
  • Ubicación: Cartagena, Murcia

 

CONTEXTO HISTÓRICO

El Monasterio de San Ginés de la Jara se localiza en el sudeste peninsular, a orillas de la laguna salada conocida como Mar Menor, la cual se encuentra actualmente en el ojo del huracán por su ecocidio, un desastre ecológico como consecuencias de las medidas que lleva arrastrando desde hace décadas.

Estado similar a ese desastre ecológico lo encontramos en dicho Monasterio. Esta joya arquitectónica tan desconocida incluso para los propios murcianos, cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural desde la década de los 90. A pesar de la protección que le otorga dicho título, este inmueble se halla en un estado latente de abandono, con sucesivos derrumbes y hundimientos, camino de la desaparición, olvidado su valor histórico, artístico y cultural e incluido en la Lista Roja de Patrimonio.

Para conocer el origen de este monasterio debemos remontarnos al reinado de Fernando III y su hijo, el infante Don Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X “El Sabio”. Este último quiso devolver a Cartagena la gloria de siglos anteriores, por su glorioso pasado histórico y el enclave estratégico de su puerto. Otorgó privilegios a sus ciudadanos para incrementar la población de la ciudad, y a los campesinos en los campos de alrededor, con la intención de aumentar el número de labradores en las tierras cercanas. Por estas razones, buscó la creación de un centro espiritual en las inmediaciones de la zona, que pudiera satisfacer las necesidades religiosas de la población que allí se había asentado.

Propició así, el asentamiento de monjes agustinos, favoreciendo a su vez, dicha orden.

El origen de la devoción a San Ginés de la Jara. Han llegado hasta nosotros fuentes de diferentes autores, algunos coinciden en el origen del Santo, introduciendo matices, y otros lo sitúan como un personaje diferente. Historiadores como el Licenciado Cascales o el Fray Leandro de Soler, lo identificaban como el sobrino de Carlomagno, Adelardo, quien deseaba conocer la tumba del apóstol Santiago y el lugar por el cual entró a la Península. Naufragando su embarcación, obró un milagro extendiendo su manto sobre las olas y llegando así a la costa. En tal lugar se refugió y edificó un monasterio donde realizó vida eremítica. En esta leyenda las fuentes difieren sobre la vida del sobrino de Carlomagno, pues algunos citan que estaba huyendo de Francia. Ciertos autores que lo identifican con Adelardo, narran el hecho milagroso del final de esta leyenda, pues, al fallecer fue trasladado a Francia por la familia real, sin embargo, al abrir el sepulcro, su cuerpo había regresado al Mar Menor, donde fue enterrado.

Otros autores lo identifican con San Ginés de Arles, cuya festividad coincide con el 25 de agosto. el Codice Calixtino, del siglo XII ya hace referencia a este santo. La historia de San Ginés de Arles se remonta a época de Diocleciano, oponiéndose como escribano a transcribir las órdenes de persecución a los cristianos, se le degolló arrojando su cabeza y cuerpo por el Ródano, llegando milagrosamente la cabeza a la ciudad de Cartagena.

El santo gozó de gran devoción durante el asentamiento de los visigodos en la Península, venerándose en diversos lugares como santo local. Diferentes autores mencionan la existencia de monasterios o conventos en este lugar como es el caso de Gregorio de Tours, que identifica un monasterio visigodo, el de San Martín, entre Sagunto y Cartagena.

Tras el asentamiento musulmán en la Península, llama la atención la extraña devoción que tuvieron estos por el personaje de San Ginés. Existe un número de evidencias que parecen demostrar la existencia de un culto musulmán a una mártir o santona islámica enterrada en este lugar. Ya en el siglo XV escribía el autor anónimo de la “Historia de San Ginés” varios milagros a distintos personajes granadinos. Por ello, se piensa la existencia de un centro espiritual en la zona que permaneció durante el dominio musulmán.

Los motivos que llevaron a los agustinos a establecerse en este enclave del sudeste peninsular se debe a la situación en la que se encontraba el reino en aquel momento. Tras la conquista de Cartagena, en el año 1245, Alfonso X quiso devolver a la ciudad la gloria de la que gozo en siglos anteriores, restableciendo su antigua Diócesis. Para ello precisó de la ayuda y consejo de órdenes religiosas para poder llevar a cabo la organización de la nueva Diócesis, y la conversión de infieles en esta recién reconquistada tierra, que en ella estaban asentados.

En 1260 el monasterio ya había alcanzado un floreciente desarrollo, prueba de ello es la concesión del convento de San Esteban en Toledo por parte del monarca a la orden de los agustinos, debiendo de trasladarse doce frailes del monasterio de la Jara hasta el mismo.

Sin embargo, por causas que se desconocen antes de que terminara la centuria el convento fue abandonado, posiblemente la escasa población cristiana en la zona y las mejores perspectivas que ofrecía el convento de San Esteban motivaron el traslado de los agustinos que aquí residían.

Con la llegada del siglo XIV y la ocupación aragonesa, el concejo de Murcia recobraba su jurisdicción, realizándose una reorganización del término, con el repartimiento de las casas y emplazamientos que habían quedado abandonados, todo ello bajo la autorización del monarca castellano. Empezó así una disputa judicial para el monasterio de San Ginés de la Jara entre la orden de los agustinos y el obispo y cabildo de Cartagena, reclamando éstos la propiedad del mismo. Esta contienda judicial por la recuperación del monasterio encuentra su justificación en el desarrollo que había alcanzado el culto a San Ginés en aquella época, extendiéndose por toda la Diócesis de Cartagena e incluso de la Península, como lugar de confluencia de peregrinos.

Esta devoción y fervor por la figura de San Ginés atrajo a numerosos ermitaños a hacer vida de penitencia en el Monasterio y en las ermitas del Monte Miral que se encuentran en sus inmediaciones. Las fuentes nos hablan de que durante el siglo XV estos eremitas que allí acudían estaban bajo la autoridad del capellán superior de la ermita, y a su vez del Cabildo de Cartagena, por lo que no pertenecía a ninguna orden religiosa.

Durante el reinado de los Reyes Católicos se realizó una reorganización en todos los reinos que también afectó al monasterio de San Ginés de la Jara. El papa Inocencio VIII concedió mediante bula papal a finales del siglo XV que se le concedía a Don Juan Chacón, adelantado mayor del reino de Murcia y mayordomo mayor de la reina Isabel I de Castilla, y a sus sucesores el Patronado del Monasterio de San Ginés de la Jara.

 Por este motivo, debía erigir una casa convento, así como las reformas necesarias en el eremitorio, iglesia, campanario, cementerio o huertos para establecer allí a ocho frailes franciscanos de la Custodia de Murcia.

Sin embargo, las reformas emprendidas por Don Juan Chacón no distarían de una pequeña iglesia. Sería Diego de Arce, Ministro Provincial de los Franciscanos en Murcia, quien en estas fechas llevaría a cabo la gran obra de todo el Monasterio, edificando un magnifico templo, con hermosas puertas de estilo renacentistas. La construcción llevada a cabo por Diego de Arce es elogiada por los historiadores de su tiempo, como el licenciado Cascales.

Será durante estos siglos XVI y XVII cuando el Monasterio goce de su mayor esplendor, prueba de ello es que en 1541 el papa Paulo III concedió la liturgia y culto a San Ginés, con celebración el 25 de agosto. Fecha que se sigue celebrando hoy en día su romería siguiendo la tradición de aquellos siglos, acudiendo los habitantes de las poblaciones más cercanas, y de distintos municipios de la Región.

La decadencia del Monasterio llegara en el año 1835, con la exclaustración de los franciscanos consecuencia de las desamortizaciones llevadas a cabo por los liberales, en este caso la de Mendizábal.

Las ventas de estas posesiones se realizaban mediante subasta. El monasterio de San Ginés se adjudicó a Miguel Andrés Starico Pescetto, quién había participado en diferentes edificios emblemáticos de la Región, hombre influyente de la época. Fue un gran beneficiario en esta transición de bienes, perteneciendo el Monasterio a sus descendientes hasta las primeras décadas del siglo XX, quienes emprendieron diferentes reformas para adecuar las estancias a vivienda particular. Una vez vendido a otros propietarios, hay referencia años antes de la Guerra Civil de la reforma realizada por Manuel Burguete, quien ignoro el valor artístico e histórico del Monasterio en las reformas que llevó a cabo en el mismo y realizó diversas reformas que alteraron enormemente la imagen original del edificio.

Desde la década de 1930 hasta hoy en día, el Monasterio se ha vendido en diversas ocasiones, dando lugar a la imagen que nos ha llegado hasta nuestros días, un Monasterio ultrajado, fruto del abandono y del expolio, en un continuo deterioro y en camino hacia la destrucción, a pesar de obtener la declaración de Bien de Interés Cultural en 1992. La asociación Hispania Nostra en defensa del Patrimonio Cultural y Natural lo incluyó en el año 2009 en la Lista roja como patrimonio en peligro.

 

ANÁLISIS FORMAL

Durante la Baja Edad Media posiblemente el Monasterio constara de una pequeña ermita la cual se encontraba adosada a una construcción a modo de torre fuerte, construida en tres pisos, que servía de refugio a los religiosos y ermitaños del momento.

Con la Fundación del Patronato de los Vélez sobre el convento por el adelantado mayor del reino Don Juan Chacón, el Monasterio experimentó un florecimiento material, aunque según las fuentes de la época, este no pasó de erigir una pobre iglesia.

Sería el Ministro Provincial de los Franciscanos de Murcia, Diego de Arce, el que emprendería la auténtica reforma del Monasterio, dotándolo de oratorios, huerto conventual, una gran portada de estilo renacentista y demás dependencias.

Tras las obras cometidas, en los siglos venideros el Monasterio se completaría con una serie de construcciones anexas, así como la reforma de algunas de sus partes.

Las últimas décadas del siglo XVII favorecen en la región su esplendor y bonanza económica manifestándose en la construcción de edificios en el estilo barroco dominante en el momento, así como la reforma de aquellos que ya habían sido construidos. En el Monasterio de San Ginés, corresponda probablemente a esta época la reforma del techo de la iglesia, añadiendo una falsa bóveda de crucería. En la zona del claustro se reformarían las cubiertas, en los corredores bajos se le añadió una bóveda de yesería en correspondencia con las arcadas de ladrillo, también realizadas en este siglo. En los corredores altos se realiza una techumbre plana multiplicando el ritmo de las alquerías, produciendo ocho vanos en total.

De este período también datan las nuevas dependencias conventuales como refectorio y celdas, que se edifican en el ala este del claustro, dejando las antiguas situadas en la Torre Fuerte para momentos de peligro.

Sería en el siglo XVIII cuando se erija la Capilla de San Antonio, conformando la imagen arquitectónica del Monasterio que llegó hasta los siglos más recientes, junto con la Torre Campanario. De esta última no se tienen referencias del momento de su construcción, sin embargo, por los materiales empleados y la técnica constructiva se date en la primera mitad del siglo XVIII.

Se presenta una iglesia de una sola nave con planta rectangular, con seis capillas laterales, tres a cada lado. La entrada al templo se realiza por el lado oeste, lindando en el lado sur con el corredor del Claustro y al norte con la Torre Fuerte y la Capilla de San Antonio. La techumbre con bóveda de cañón se divide en cinco tramos por medio de arcos fajones que cargan sobre pilastras. Los elementos constructivos tales como pilastras, arcos o lunetas estaban policromados en azul sobre el enlucido blanco.

La portada de acceso la cual se realizaba por el lado oeste perdió el cuerpo superior durante el siglo XX, que se conservó durante sus primeras décadas. Este cuerpo se estructuraba en un frontón triangular partido con un vano centrado en el dónde se encontraban las heráldicas de la orden franciscana y sobre este el escudo de los Fajardo.

El friso estaría ornamentado con detalles geométricos.

La puerta de acceso al templo se realiza mediante un arco de medio punto con clave resaltada, donde se insertaría una sobria decoración renacentista y quedaría flanqueada por pilastras decoradas con dibujos geométricos y capiteles en forma de silbato. A ambos lados de la portada de acceso, en los muros, se ubican ventanas parcialmente cegadas, que junto con la que se ubica en el cuerpo de la parte superior, su función sería la de dar iluminación al coro en el interior.

En cuanto a las zonas interiores, el coro se sitúa a los pies de la iglesia, cuyo acceso se realiza por el primer piso del corredor Norte del Claustro. Para llegar a la cubierta transitable de la Torre Fuerte y de la Torre Campanario sería a través del coro. Actualmente la parte de la bóveda del piso del Coro se encuentra apuntalada, debido a una serie de desplomes.

La entrada a la cripta de la iglesia se localiza en el cuarto tramo mediante escaleras laterales. Nos encontramos ante un espacio abovedado, siendo esta la meta final de los peregrinos cuando se extendió el culto a San Ginés, y llegaban desde diferentes lugares de la Península. Se localiza bajo el presbiterio.

La Capilla de San Antonio, que se encontraría anexa al edificio, presenta una planta rectangular cubierta por cúpula que se asientan sobre pechinas, las cuales habían estado decoradas por imágenes de distintos Santos. La cúpula se encontraba policromada en bandas de color azul, y sobre la cúpula una cubierta a cuatro aguas, construida con teja cerámica. Será en este Capilla donde se encuentre el retablo de mayor calidad artística del templo, de época barroca, datado en el siglo XVIII aproximadamente, policromado y que pese al lamentable estado en el que se encuentra el Monasterio aún conserva gran parte de su policromía debido a la buena calidad del oro empleado. La imagen de San Antonio que también se localiza en esta Capilla, data de esta misma época, realizada en estilo barroco.

Anexa a esta Capilla, a la derecha, se halla la pequeña Capilla del Bautismo de planta octogonal con bóveda de arista, la cual se encontraba cerrada por una verja de hierro, y contenía la pila bautismal.

De las seis capillas que constan en la iglesia, las tres del ala izquierda solo quedan los retablos, parcialmente conservados, mientras que las capillas del lado derecho desaparecieron en su totalidad, solo quedan restos. En la cabecera de la iglesia se ubica el Altar Mayor, cuyo Retablo es obra del artista Pablo Sistori, del siglo XVIII, el cual trabajo activamente en diferentes iglesias de la Región.  Aparece tapiada bajo el altar una capilla donde según la tradición había sido enterrado San Ginés.

Tras el Altar Mayor se localiza la capilla del Santísimo, cubierta por bóveda de cañón, el friso circundaba todo el muro con la transcripción del Salmo 71. La capilla se encuentra en un lamentable estado de abandono con el hundimiento del muro de cerramiento de la cabecera, con profundas grietas que avanzan sobre sus muros.

En cuanto a las zonas exteriores del Monasterio, nos encontramos el Claustro, profundamente reformado tras la venta del Monasterio a manos privadas ya que fue remodelado en patio andaluz, enluciendo las dovelas de los arcos y pilares en estucos bicolores. Su planta también cambió con la reforma de 1934, donde se intervino en el Corredor sur pasando esta de ser cuadrada a rectangular. El Claustro original presentaba cierta influencia mudéjar con los arcos de medio punto en la planta baja que se multiplicaban en el cuerpo superior. El claustro se encuentra actualmente apuntalado, mientras que en el lado oeste se produjo un desplome en la bóveda.

En el ala Norte se localiza la Torre Campanario, construida en tres cuerpos, los dos primeros en planta cuadrada a diferencia del cuerpo superior, edificado en planta octogonal, albergando el campanario, con cubierta en forma de cúpula. En este lado Norte del complejo monacal se localiza también la Torre Fuerte, de planta rectangular. Según distintas fuentes, este sería probablemente, de las edificaciones más antiguas del Monasterio, construido probablemente en la Baja Edad Media, con la presencia de la orden de los agustinos.

El complejo del Monasterio lo completarían dependencias tales como oratorio, dormitorios, porterías o el huerto conventual, el cual fue descrito por el licenciado Cascales tras su visita, al igual que el resto de edificaciones, y lo realizó con un gran lujo de detalles. Para este, el huerto representaba uno de los más insignes de España, con numerosas fuentes y una abundancia y variedad de plantas.

 

 

CURIOSIDADES

Propiedad actual de Hansa Urbana, proyectaron construir una macrourbanización de hoteles, campos de golf y piscina, paralizada por la Justicia por su condición como BIC. En el año 2012, motivado por la presión ejercida por colectivos y asociaciones en defensa del patrimonio, así como por grupos políticos de la oposición, el Tribunal Superior de Justicia de la Región instó que debía ser la Sociedad Hansa Urbana la responsable de adoptar las medidas constructivas y de seguridad necesarias para evitar la degradación del monumento.

En el año 2018, se comenzó una restauración en parte del edificio, la cual no fue vista con buenos ojos, pues atendería más a una reconstrucción que una restauración, sin haber realizado un verdadero estudio arqueológico previo. Esta restauración quedaría paralizada, y hoy en día continua el contencioso entre la promotora Hansa Urbana, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Cartagena. El Ayuntamiento ha exigido en agosto de este mismo año la restauración del inmueble, pues en caso de no haber empezado a hacerlo, se realizará por parte del Consistorio pasando la correspondiente factura a la empresa.

Tras todos estos años de litigios, el Monumento sigue en un estado visible de abandono, con la esperanza de que se pueda recuperar esta joya de gran legado cultural y valor artístico cargado de leyendas e historia. 


GALERÍA DE IMÁGENES

Vista exterior
Vista aérea del monasterio en 2011
Acceso al claustro
Fachada principal de la iglesia
Interior antes de la restauración
Claustro del monasterio antes de la restauración
Claustro del monasterio después de la restauración
Interior antes de la restauración
Portada de acceso a la iglesia
Patio después de la restauración
Vista interior del coro en 2001


BIBLIOGRAFIA Y WEBGRAFIA

Fontes, J. T. (1965). El monasterio de San Ginés de la Jara en la Edad Media. Academia Alfonso X el Sabio.

 

Medrano, F. J. S. (2012). Evolución constructiva de San Ginés de la Jara y propuesta arquitectónica de recuperación. Revista Murciana de Antropología, (19), 55-70.

 

Clares, M. M., & Blánquez, L. A. G. (2002). La arquitectura del convento franciscano de San Ginés de la Jara. Imafronte, (16).

 

https://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,522,m,162&r=CeAP-593-PORTADA_CENTRO_AMPLIADO Fecha de consulta (21/08/2021)

 

https://cadenaser.com/emisora/2021/08/13/radio_cartagena/1628841932_047439.html Fecha de consulta (23/08/2021)

 

https://www.rcmagazine.es/monasterio-san-gines-la-jara/  Fecha de consulta (23/08/2021)

Silvia Conesa Solano


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