Rosas de mi jardín | Sesión 1

 


Rosas de mi jardín, Sesión 1

Ejercicio terminado

¡Llegó la primavera y mi jardín está lleno de flores! Mira el ramo que armé con mis rosas. ¿Te parece que las pintemos juntos? (Por supuesto, puedes armar tu propio modelo y seguir mis indicaciones.)



Hace un tiempo te enseñé los rudimentos de cómo pintar estas flores (si te lo perdiste, pincha aquí). En estas sesiones vamos a avanzar un poco más.

Te contaba en esa oportunidad que las rosas rosadas o las rojas son más fáciles pues sólo tienes que pensar en color y forma. En cambio, las amarillas y las blancas añaden la dificultad de las sombras en esos colores. Para eso vamos a incorporar un concepto que se llama “valorización”.

En realidad, la valorización se encuentra en toda pintura. Nunca te lo expliqué especialmente, pero siempre estuvo ahí en mis clases. ¿De qué se trata?

Todo color tiene 4 dimensiones: el tono, la intensidad o saturación, el valor y la temperatura. P.ej.: un rojo puede estar menos o más saturado (un burdeos o un rojo anaranjado); puede ser cálido o frío (un rojo anaranjado o un rojo violáceo). En cuanto al valor puede convertirse en un rosado o en un marrón. Cuando hablamos de valor en el color nos referimos a cuánta luz/oscuridad tiene ése en particular. Esto se comprende perfectamente si revisas tu modelo con una fotografía del mismo en blanco/negro. Mira mis rosas.



Te extrañará ver que las rosas rosadas, de un rosa intenso, más bien fucsias, tienen el mismo valor que la amarilla. ¿Quién lo diría, no? La jarra y la rosa más grande concentran toda la luz y tendremos que prestar atención especial a este detalle. Las zonas más oscuras son las partes interiores del ramo y las hojas.

Cuando uno gana experiencia en esto de pintar, la valorización sale sola. Pero si dudas, no hay nada mejor que editar una foto del modelo para revisar este aspecto. Siempre se dice que un cuadro está bien construido cuando la valorización está correcta. ¿Por qué? Porque eso quiere decir que las zonas de luz y de sombra y los tonos medios son coherentes y están bien equilibradas. Antes de ponerse a trabajar, tenemos que decidir a qué vamos a dar más interés. P.ej.: en nuestro modelo el color amarillo se destaca por sobre los demás; está rodeado de distintos tonos de rosa. Pero si te fijas, a esa rosa se le han caído ya algunos pétalos y no tendría sentido darle protagonismo. Tendremos que bajarle la intensidad a ese amarillo para que la rosa más clara se destaque.  Si, en cambio, prefieres un cuadro en el que el color es el protagonista, tendrás que darle más color a la rosa central sin perder las relaciones de la valorización.

¡Manos a la obra!

Vamos a necesitar un soporte (lienzo, papel o tabla), tus pinceles (como siempre: de punta fina para los detalles; de corte recto, mediano y pequeño), disolventes (te aconsejo médium para óleo o aceite de linaza) y los siguientes colores: blanco de titanio, ocre amarillo, tierra sombra tostada, negro, carmín, azul ultramar, amarillo medio.

Yo estoy usando un block que no es del todo apropiado para pintar al óleo (no es texturado), así que le di una mano de Gesso para darle más consistencia y que el pincel tenga mejor agarre.

Lo primero, como siempre, es entender nuestro modelo. Tiene un eje vertical jarra-rosa amarilla-rosa más clara. Las flores forman un arco.

Vamos a mantener el fondo claro (los fondos oscuros ya los aprendimos aquí y aquí) y la base la sugeriremos; no vamos a detallar nada del ambiente.

Para dibujar nuestro modelo no entraremos en detalles, sólo las estructuras, como te muestro en esta foto.

Bosquejo


Empezamos por el fondo. En esta primera etapa la idea es cubrir todo el soporte, que no nos queden huecos blancos.

El fondo, como te dije otras veces, no tiene que tener apariencia de pintura mural, plano. Debe de quedarnos un fondo claro fiel al modelo pero con matices de aquellos colores que aparecen en el resto del cuadro. En esta etapa no nos detenemos en los detalles: sólo atendemos a las formas. Prefiero darle una atmósfera en tonos cálidos, como base, con blanco, tierra sombra tostada y un poco de negro.

Preparamos el soporte


Para el resto de los objetos buscamos el tono medio y lo aplicamos. Conviene ingresar un poco más adentro de los contornos para evitar que te queden delineados.

Ten en cuenta que cuando pintas un ramo tienes que prestar atención al volumen, luces y sombras del ramo en su conjunto, y luego el volumen de cada flor de manera individual.

El color fucsia de estas rosas se prepara con carmín y muy poco de azul. A esta mezcla le agregas blanco y pintas la rosa más clara. La amarilla la pintamos con amarillo medio y un poco de ocre.

Vamos a las hojas. Para este verde puedes hacer una mezcla con azul ultramar, amarillo medio y negro o bien, verde vejiga con negro. No vamos a trabajar los detalles ahora, sólo estamos ubicando los objetos.

Para el jarro utilizamos blanco con un poco de azul y negro. Aquí tienes que tener mucho cuidado. Para lograr el volumen, siempre conviene aplicar la pincelada de manera transversal al eje. Ten cuidado con la simetría de la forma del florero, pero no te preocupes: esto se puede corregir más adelante. Recuerda las estructuras que hicimos en el dibujo preparatorio y lo vuelves a hacer, pero esta vez con pintura: primero el círculo de la base y luego el tubo superior. Ten cuidado: no te debe quedar demasiado delineado, difumina los bordes con un pincel seco o con el dedo.

Ya tenemos cubierto todo nuestro soporte. En la próxima sesión comenzaremos a pintar nuestras rosas.

¡No te olvides de limpiar la paleta y los pinceles!

Hoy aprendiste:

- a componer un bodegón de flores,

- a comprender las 4 dimensiones del color

- y a utilizar la valorización.

 

Bibliografía

DOERNER, Max: Malmaterial und seine Verwendung im Bilde, 1985

MAYER, Ralph: The artist’s handbook of materials and techniques, 1991

©2021 Cristina del Rosso

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