La Fornarina

 

COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DE LA FORNARINA



FICHA TÉCNICA

  • Obra: La Fornarina.
  • Autor: Rafael Sanzio.
  • Cronología:1518-19
  • Estilo: Renacimiento italiano (Cinquecento).
  • Técnica: Óleo.
  • Soporte: Lienzo.
  • Ubicación: Galería Nacional de Arte Antiguo (Palazzo Barberini, Roma).


CONTEXTO HISTÓRICO

Culturalmente el Cinquecento italiano es una etapa fecunda y gloriosa que contará con los artistas más emblemáticos del Renacimiento. Roma será el epicentro cultural del momento, debido al mecenazgo del Papado, pero la pujanza artística de este periodo contrasta con la gran convulsión que se vive en el plano político.

Italia sufre en estos momentos una sucesión de constantes luchas por el poder, cambios dinásticos, guerras e invasiones extranjeras a manos de las reyes franceses y españoles. A ello habría que sumarle las tensiones derivadas de las hostilidades entre el Papado y los países del norte de Europa, situación que desemboca en enfrentamientos políticos y religiosos y que lleva finalmente a la escisión de una parte de la cristiandad con el éxito de la Reforma protestante.

 

ANÁLISIS FORMAL

Titulada originalmente como "Retrato de mujer joven" y mejor conocida bajo el nombre de "La Fornarina" ("La Panadera”), esta obra ha suscitado numerosas y variadas hipótesis dado el misterio que la envuelve. En esta pintura Rafael nos ofrece la imagen de una mujer sedente y semidesnuda sobre un fondo oscuro. El artista retrata magistralmente la belleza y la fuerte presencia de esta fémina, que se presenta con una seda transparente rodeando sus brazos y torso y un suntuoso tocado oriental de terciopelo de tonos dorados y pardos. Su regazo está cubierto por la parte inferior de su vestido, o bien una tela, de color rosáceo. La mirada no se dirige al espectador, sino que aparece ladeada de un modo enigmático, y muestra sus pechos desnudos sin pudor, unos pechos que parecen cobrar un gran protagonismo dentro de la obra. El otro detalle que llama nuestra atención es un brazalete azulado que tiene la mujer en su brazo derecho, donde puede leerse el nombre del pintor ("Raphael Urbinas").

La composición es sencilla, pues la retratada es la figura protagonista que ocupa toda la pintura y se sitúa en posición central, enfatizando la frontalidad. El fondo carece de protagonismo, aunque sugiere un entorno natural, arcádico.

La línea predomina sobre el color y el dibujo revela un estudio anatómico minucioso. El modelado, suave y natural, se consigue de forma brillante gracias a una exquisita gradación de los colores de la carne y de las calidades de los tejidos, reproducidos con detallismo.

 La coloración inspira intimidad y naturalidad. Dominan los ocres y rosados y solamente el fondo boscoso, tímidamente insinuado, añade una tonalidad ligeramente verdosa que queda fundida en la oscuridad. El cromatismo es en general armónico y sereno, carente de contrastes o estridencias, aunque algunos detalles significativos ofrecen cierta variación de color, como el brazalete azul o el turbante de destellos dorados. Estos elementos se manifiestan como pequeños signos que tienden a embellecer a la modelo y a captar sutilmente la atención del observador. Del mismo modo que el color, los contrastes creados por el tratamiento de la luz también contribuyen a modelar sensualmente el cuerpo de la retratada, dando lugar a volúmenes redondeados y suaves.

Pese al estatismo de la imagen, que nos muestra a la modelo sentada, el artista rompe con la monotonía mostrándonos a la mujer ladeada, sujetando su pecho y sus vestiduras grácilmente. Las maneras de la joven transmiten franqueza, espontaneidad y quizá una cierta complicidad con el artista.

Rafael Sanzio, destacó por la belleza clásica y la dulzura de las formas, por la armonía de los colores y el equilibrio matemático de sus composiciones. No obstante, con esta obra el artista nos enseña una faceta distinta al mostrar una imagen más naturalista, humanizada y sensual, tanto por el tema como en el tratamiento de la pintura.

 

ANÁLISIS ICONOGRÁFICO

La protagonista es una mujer real, de carne y hueso, vestida de un modo sugerente y dispuesta a mostrar abiertamente su cuerpo. Esa belleza y sensualidad que emanan de la imagen de esta cortesana es expresada por Rafael a través de la identificación de la mujer auténtica con la diosa Venus, en un intento de dignificar la belleza y el amor terrenal.

Cabe decir que el virtuoso Sanzio se ganó el apodo de pintor de madonnas. Este hecho se debe a su maestría para desarrollar iconografías marianas llenas de gracia y de belleza serena y espiritual. La elevada formación intelectual de Rafael le llevó también a ser bien conocido por desarrollar contenidos de profundidad filosófica en sus obras, para lo que se valdría de una técnica perfectamente racional en sus trazos y un dominio científico de las perspectivas en sus composiciones. Ejemplos de ello son La Academia de Atenas, Los desposorios de la Virgen o la Virgen del jilguero. Asimismo, este genio demostró un don especial para realizar retratos con una profundidad psicológica inigualable y una tendencia hacia el naturalismo que se anticipa a su tiempo. Recordemos el bien conocido retrato de El Cardenal.

Puede resultar sorprendente que un pintor tan alabado por sus obras de temática religiosa o intelectual nos ofrezca una imagen profana tan singular como la de La Fornarina. Pero es que Rafael fue un hombre pasional, deseoso de vivir y amante de los placeres que también produjo obras de mayor naturalismo en las que se refleja la realidad del mundo y del amor en su tiempo a través del retrato de bellas mujeres. En este caso, la retratada fue identificada siglos después como la cortesana Margherita Luti, hija del panadero Francesco Luti da Siena, y muy probablemente amante del pintor. Esta es una idea respaldada por la evidente intensidad y sensualidad de la pintura, así como por el brazalete con el nombre del artista, pero, además, cabe decir que se desconoce el nombre del cliente que habría encargado esta pintura. Esto hace pensar que fue Rafael quien realizó por deseo propio la pintura, destinada el ámbito privado. 

 

CURIOSIDADES

Para la Historia del Arte, La Fornarina siempre ha sido una obra profundamente enigmática a cuyo significado completo nunca podremos llegar, y es por ello que alrededor de ella han surgido numerosas especulaciones. Una de las más intrigantes viene de la mano, no de los historiadores, si no de los miembros de la comunidad médica. Y es que, el hecho de que la protagonista de la pintura sujete su pecho izquierdo de un modo tan especial, como para intentar mostrarlo con detalle, hace que veamos en este gesto una intención más allá del interés estético.

En el 2002 la revista Lancet realizó un análisis médico del retrato en el que se estudió meticulosamente la forma y tamaño de los senos de la modelo, observándose entre ellos claras diferencias aparente. El pecho izquierdo tenía mayor volumen y estaba deformado por una inflamación que va desde la axila hasta la aureola y que produce una retracción. También se determinó que había diferencias de color entre ambos pechos y se detectó un nódulo graso bajo la axila. Los médicos, concluyeron que estos signos eran compatibles con el diagnóstico de cáncer de mama en estado avanzado y, de ser esto cierto, podríamos estar hablando de una obra novedosa para su tiempo. De este modo, La Fornarina estaría anunciando ya el gusto barroco por mostrar lo curioso, lo extravagante e incluso lo desagradable que hay en la naturaleza, retratando las dolencias o patologías visibles físicamente.

Dichas consideraciones nos hacen contemplar esta pintura con una mirada trágica, y aún con más motivos al saber que el lienzo muy seguramente permanecía en la habitación del artista cuando falleció tan prematuramente en el año 1520, a la edad de 37. Quién sabe si detrás de esta pintura hay una desafortunada historia de amor truncada por la muerte.

La verdad puede que nunca sea desvelada, aunque la teoría de la existencia de un amor entre Rafael y Margherita bien podría ser cierta, como sugiere la existencia de otro retrato de la misma mujer en la obra del pintor, La donna velata. Lo que es innegable es que este cuadro, cautivó e inspiró tanto a sus contemporáneos como a grandes artistas posteriores. Ejemplo de ello son las versiones de Rafael y La Fornarina de Ingres o la de Picasso. Del mismo modo, cabe decir que este retrato ha inspirado a cineastas como Paolo Sorrentino, quien en su película La Gran Belleza (2013) hace aparecer brevemente la pintura de Sanzio para revivir en el protagonista los recuerdos de un amor pasado y la nostalgia de su pérdida.

 

BIBLIOGRAFÍA

ANGULO ÍÑIGUEZ, Diego: Historia del Arte (v. 2). Madrid, 1982.

BURKE, Peter: El Renacimiento Italiano. Cultura y sociedad en Italia. Madrid, 2001.

HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: El Cinquecento y el manierismo en Italia. Madrid, 1989.

 

WEBGRAFÍA

FRANCISCO JAVIER TOSTADO (Blog):

https://franciscojaviertostado.com/2015/06/05/la-medicina-en-el-arte-pintura-la-fornarina/ (Consulta: 21/08/2020).

Carolina Banegas

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