Gino De Dominicis

LA MUERTE COMO CALAMIDAD CÓSMICA



Gino de Dominicis (1947-1998) fue un artista italiano que se autodefinía como pintor, escultor, filósofo y arquitecto. Nacido en Ancona y muerto en Roma, el artista desarrollo su carrera bajo la premisa de la negación de la concepción moderna de la obra de arte. Para De Dominicis, el arte no es una cosa en sí, sino un medio, un hilo para transmitir aquello que de otra forma no sería visible. En una de sus declaración manifiesta que “La gente debe ver, no saber, debe reconocer la obra de arte por aquello que es y aceptar sus efectos” (De Dominicis en Dantini 2011).

Para crear sus obras se servía de diversas técnicas, mediante las cuales trataba temas relacionados con valores universales tales como la percepción del tiempo, la gravedad, la vida, la muerte y la inmortalidad. Esta última constituye uno de los temas centrales y recurrentes en sus obras. La inmortalidad no se presenta en ellas solamente como metáfora, sino que constituye una meta en línea con la filosofía hermética, así como también una premisa de investigación constante en su trabajo.

El crítico de arte italiano Achille Bonito Oliva determina que en su arte se evidencia el límite del hombre, y que toda su obra es una “apología del límite” en cuanto busca encontrar el límite de las leyes naturales tales como la existencia, la finitud o la gravedad (MAXXI-Bonito Oliva 2010). La obra de De Dominicis es, por este motivo, tan peculiar que no puede ser restringida dentro de ninguna de las corrientes artísticas de su época: ni en el arte Povera, ni en la Transvanguardia, ni en el Arte Conceptual, frente al cual el artista va a tener durante toda su vida una postura irónica y satírica.

Dentro de su repertorio artístico, se encuentran obras que aluden de forma directa a la muerte y a la inmortalidad humana. Estas obras, en las cuales nos centraremos, están constituidas por la figura del esqueleto humano. El esqueleto, pensado como la única materia orgánica que permanece después de la muerte física, se constituye en sus obras como rasgo inexorable de finitud de la vida. Se vuelve en las obras huella , aún efímera, del paso del hombre por la tierra, y prueba de la condición limitada de la vida humana. En la filosofía del artista, la inmortalidad anhelada por el hombre será alcanzada por medio de la invisibilidad, tesis que trabaja en una serie de obras denominadas “obras invisibles”. De esta manera la  utilización de la figura del esqueleto humano es lo opuesto al haber alcanzado la inmortalidad deseada, es la prueba fehaciente de la culminación de la vida. Una de las obras de este corpus  es la obra titulada Il tempo, lo sbaglio, lo spazio, del año 1969 (El tiempo, el error, el espacio), constituida por un esqueleto real con patines en compañía del esqueleto de un perro pequeño. Gino De Dominicis ha dicho en ocasiones que “El título debe invitar a sospechar que, en los pliegues de la obra, se esconde una profundidad insondable.”[1]. En este caso, realizando el análisis del título, se puede pensar que el hombre intenta ganarle  la carrera a la muerte. Utilizando unos patines, lleva a cabo una lucha contra el tiempo (il tempo). Intenta moverse lo más rápido posible, pero su error (lo sbaglio) radica en creer que el espacio (lo spazio) y el tiempo son infinitos, y que la finitud de su ser, del hombre, podrían evadirlos eternamente. Italo Tomassoni, estudioso italiano que junto con Achille Bonito Oliva es uno de los mayores estudiosos de la obra de De Dominicis, dice al respecto:

La experiencia del tiempo que avanza en él no es ni lineal ni cíclica. Se convierte en interprete de una visión trágica que evoca tanto el enigma de la vida como la ironía obstinada e indulgente con la que aún hoy se puede contemplar la insensata joya de la muerte: la vida le dice a la muerte: “Para existir debes eliminarme y es por esto que serás siempre odiada; a mí, en cambio, para existir me alcanza que permanezcas a la debida distancia, esa es la diferencia.” La muerte responde sorprendida, y en ese momento se da cuenta de que ella también puede existir de forma independiente.”(Tomassoni 1988)[2]

Se puede pensar entonces que la obra actúa como una especie de memento mori, un recordatorio de lo efímero de la vida humana, visto frecuentemente en épocas pasada ligado a la doctrina religiosa. Este gesto de presentación de un esqueleto, es un gesto que lleva implícita aquella idea que nos dice “recuerda que vas a morir algún día, que tu paso por la tierra es temporal y no hay nada que puedas hacer al respecto”, esa premisa que como seres humanos conocemos, pero que no tenemos presente en el transcurso de la vida cotidiana. El esqueleto en su obra se constituye así por una parte como un símbolo, y por otra como una entidad crudamente real al tratarse de un esqueleto humano y no de una réplica. El artista logra traer de esta manera nuevamente a escena en el mundo del arte contemporáneo los cuestionamientos esenciales del ser humano.

Gino De Dominicis escribió en el año 1970, un carta titulada Lettera sull’immortalità del corpo. En ella explica y medita sobre la temporalidad y la existencia de las cosas, así como también sobre la vida y la muerte del ser humano. En ella se encuentra una tendencia filosófica que remiten a la Teoría de las Ideas de Platón, y pensamientos sobre la concepción del tiempo lineal, pasado, presente y futuro, dentro de la cultura. En uno de sus párrafos expresa que:

No pudiendo intervenir directamente sobre sí mismo para detener el curso inexorable de su propio "tiempo interno" y alargar su propia vida, el hombre ha inventado los medios que lo harían más veloz: interviniendo así en el espacio, indirectamente ha logrado intervenir en el tiempo. Sin embargo, esta operación solo podría justificarse si el espacio fuera finito y nuestra imaginación limitada. Desafortunadamente, en cambio  estos es solo un paliativo y un gravísimo error.[3] (De Dominicis 1970)


Il tempo, lo sbaglio, lo spazi, 1969

 

Otra de sus obras, si no llega a ser una de las más impactantes, se constituye de un esqueleto humano de 24 metros realizado en yeso, resina y material expansivo. Dicha obra se denomina Calamita Cosmica, y fue presentada por primera vez al público en el año 1990 en el Museo de Arte Contemporáneo de Grenoble. A lo largo de los años, fue presentada  en diferentes espacios de arte de Italia y del exterior, entre ellos París, causando admiración e intriga en cada uno de esos lugares. Hoy en día se encuentra expuesta en la ex Iglesia de la Santísima Trinidad Annunziata en Foligno, Italia. Uno de sus rasgos más  llamativos en la fisonomía del esqueleto es que este no es completamente humano. El cráneo presenta en la zona de la nariz una extensión de la misma, como si formara el pico de un ave o como si fuera el rasgo distintivo de un ser extra-terrestre. Esta característica distintiva aparece a su vez en otras obras de Gino De Dominicis, mayoritariamente en sus obras pictóricas, en consonancia con la creencia del artista de la posibilidad de vida inteligente fuera de la Tierra y la existencia de estos seres híbridos. Se hace presente de esta manera en la obra la idea de un macrocosmos y un microcosmos interrelacionados, actuando y existiendo en forma conjunta. En relación a estas premisas, Calamita Cosmica, al igual que Il tempo, lo sbaglio, lo spazio, posee una vara dorada sostenida por una de sus falanges. Colocada de forma vertical, actúa como conexión entre la vida terrenal y el cosmos, casi como una antena, posibilitando el vínculo entre el tiempo terrenal y lo sobrenatural, entre ese microcosmos de la vida humana y el macrocosmos de la vida eterna.

Calamita Cosmica, 1970


De esta manera el artista nos coloca con cada una de sus obras frente a un tema a-temporal como es la finitud del hombre, y nos introduce a repensar temas existenciales como son la esencia del ser, la muerte y la inmortalidad. Sin dudas, sus obras llaman la atención donde sea que se expongan, traspasando barreras culturales y temporales, ofreciendo un espacio para la reflexión así como un atractivo visual innegable. La poética y la visión de Gino De Dominicis implica que la obra, aunque es un ente inmóvil, se constituya en sí misma como un ser viviente (Tomassoni 2020). Sus obras son siempre las mismas, aun en lugares diversos, pero siempre se encontraran actualizadas a lo largo de los diferentes tiempos y en los diferentes espacios donde las personas puedan aproximarse a ellas.

 

BIBLIOGRAFIA

DANTINI, M.

2011    “Pattini a rotelle. Gino De Dominicis laicizzato”, Quaderni di scultura contemporanea,10, pp. 81-93, Italia: Edizioni della cometa

DE DOMINICIS,G

1970    Lettera sull’immortalità del corpo, Roma, aprile 1970, Pubblicato su Flash Art N° 25-26 giugno-luglio 1971; (traducción propia)

 


WEBGRAFÍA

 

MUS.E FIRENZE

2017    “La “Calamita Cosmica” di Gino de Dominicis al Forte di Belvedere”, L’Associazione Mus.e, disponible en http://musefirenze.it/ytalia/la-calamita-cosmica-di-gino-de-dominicis-al-forte-di-belvedere/ [on line], (Consultado el 20/08/2020)

MUSEO MAXXI

2010    Gino De Dominicis: l'Immortale, Bonito Oliva,A., Disponible en    

https://www.youtube.com/watch?v=6vRpo5lzgDQ [on line], (Consultado el 20/08/2020)

MUSEO MAAD

s/f        Gino De Dominicis, Biografía, disponible en https://museomaad.weebly.com/gino-de-dominicis.html [on line], (Consultado el 18/08/2020)

TOMASSONI,I

1988    “Il caso Gino De Domincis”, Flash Art, N° 144 junio 1988, disponible en https://flash---art.it/article/il-caso-gino-de-dominicis/ [on line], consultado el día 17 de agosto de 2020

2020    Gino de Dominicis prima y seconda parte , Le Pillole della Dante,30 de marzo de 2020 (video), disponible en https://www.youtube.com/watch?v=ayNKeWJDPK8; https://www.youtube.com/watch?v=SF49_exzt4A [on line], (Consultado el 17/08/2020)

 

Imagen 1 extraída de https://www.sprovieri.com/italian-postwar/gino-dedominicis/selected-works?view=slider#3

Imagen II extraída de http://www.umbriadomani.it/tag/calamita-cosmica-a-firenze/

Imagen III extraída de http://musefirenze.it/ytalia/la-calamita-cosmica-di-gino-de-dominicis-al-forte-di-belvedere/



[1] Il titolo deve invitare a sospettare che, nelle pieghe dell’opera, si nasconda un’insondabile profondità.

[2] L’esperienza del tempo che avanza in lui non è né lineare né ciclica. Egli si fa interprete di una visione tragica che evoca sia l’enigma della vita sia l’ostinata e indulgente ironia con cui anche oggi si può contemplare l’insensata gemma della morte: La vita dice alla morte: “Per esistere lei deve eliminarmi ed è per questo che è stata sempre odiata; a me, invece, per esistere basta che lei rimanga alla debita distanza, questa è la differenza”. La morte colta, di sorpresa, risponde qualcosa e in quel momento si accorge di poter esistere anche lei autonomamente.

[3] Non potendo intervenire direttamente su se stesso per fermare il corso inesorabile del propio “tempo interno” e allungare la propia vita, l’uomo ha inventato dei mezzi che lo rendessero più veloce: intervenendo così sullo spazio, indirettamente è riuscito ad intervenire sul tempo. Questa operazione potrebbe essere giustificata però solo se lo spazio fosse finito e la nostra fantasia limitata. Purtroppo invece è solo un palliativo e un gravissimo errore.

 Maria Florencia

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