Legend of Fire

 


COMENTARIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO DE "LEGEND OF FIRE"







FICHA TÉCNICA

  • Obra: Legend of Fire (la leyenda del fuego, traducido)
  • Autor: Harold Freedman
  • Cronología: 1982
  • Estilo: Arte urbano
  • Materiales: Teselas de vidrio
  • Técnica: Mosaico
  • Ubicación: 456 Albert Street, Melbourne (Australia)

ANÁLISIS FORMAL

Diseñado por el polifacético Harold Freedman y llevado a término por su equipo (Tony Barese, Joe Attard y David Jack), "Legend of Fire" es probablemente el mural más reconocible del artista australiano. Situado en la sede de Eastern Hill Fire Brigade, la obra compuesta por más de un millón de teselas de vidrio que se desarrolla en cinco alturas, expone la historia del ser humano y el fuego, un relato de conocimiento y dominio que emplea como hilo conductor a la mitología griega hasta llegar a nuestros días.

Legend of Fire. Inauguración (1982)

Legend of Fire. Inauguración (1982)


Tanto en esta como en otras obras del grupo, véase "The Greats of Football" en el estadio Waverley (1986), observamos un lenguaje reconocible, que acabó siendo seña de identidad al mismo tiempo que parte del mensaje que pretenden transmitir. Imbuido por el lenguaje neoclasicista, Freedman tiene un propósito: comunicar mediante un código que nos evoca un tiempo, unas características y pensamientos, cómo el ser humano ha llegado a este punto de su desarrollo y el papel del fuego en esta travesía, no solo como herramienta que nos diferencia de otros seres vivos, también como metáfora: el fuego como el conocimiento que transforma al animal en ser racional, que lo ilumina aún manteniendo su carácter primigenio.

El valor del fuego, así como su faceta más cruenta, son plasmados gracias a tres episodios mitológicos: Faetón y Zeus, Prometeo y Pandora. Acompañando al titán, al gran benefactor de la humanidad, veremos la primera cara de la moneda: junto a la protección y el calor, el fuego es el artífice de gran parte del desarrollo científico humano; mientras que, junto a Pandora, vemos su lado más oscuro, donde la muerte, las guerras y los desastres naturales están presentes.



En cada uno de ellos, el fuego, ya sea como destructor o generador, es protagonista de una narración que nos advierte de su poder. Durante decenas de años su control escapaba del ser humano siendo castigo o recompensa de los dioses, hecho que por medio de la tecnología y la ciencia, recorrido al que dedica Freedman su obra, se ha subvertido. En nuestro tiempo, el fuego, tan poderoso y siempre temido, no solo ha alumbrado el progreso y la evolución del devenir humano, tiene su némesis en la figura del bombero, una personalidad que sin poseer un carácter supranatural es capaz de apaciguarlo y extinguirlo.

ANÁLISIS ICONOGRÁFICO

Como señalábamos, la narración usa el fuego como hilo conductor, leyéndose de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Freedman escoge comenzar con un mito que, si bien puede considerarse menos trascendente, no deja de ser ejemplarizante, advirtiendo de la peligrosidad de este elemento ante la falta de control.

Imagen de taller. Freedman y su equipo diseñando la obra.


Hijo de Helios, Faetón decidió tomar por un día el cometido paterno para demostrar su relación filial frente a sus amigos. Pese a los intentos de disuadirle, el joven no cesó en su determinación, quedando su inexperiencia y fanfarronería patente al perder el control del carro, alejándose demasiado en primer lugar, provocando frío y muerte en el territorio que dejó tras de sí; y, acercándose tanto después, que sus acciones convirtieron en desierto el territorio que sobrevolaba, quemando la piel de sus habitantes hasta convertirla en negra. Fue por ello que Zeus, padre de todos los dioses, intervino, acabando con uno de sus rayos con el caos y la vida de Faetón.


Detalle Legend of Fire. Prometeo entregando el fuego al hombre


El regalo del titán Prometeo a la humanidad es el siguiente episodio. Su acción se explica en una secuencia de acontecimientos mucho más compleja que el mito anterior, y que, a su vez, desembocaría en el tercer y último episodio mitológico, con Pandora. Siguiendo al mitógrafo beocio Hesíodo (VIII a. C), Prometeo, como miembro de la generación pre-olímpica, vivió la guerra (Titanomaquia) que se saldó con el cambio generacional: el tiempo de los titanes había acabado. Posicionado en el bando perdedor, Zeus perdonó su agravio a diferencia de otros contendientes, como dos de sus propios hermanos, Menecio y Atlas, fulminado por un rayo y condenado a sostener la bóveda celeste respectivamente.

Es por ello que la traición de Prometeo, su predilección por la humanidad en sus distintas acciones, son leídas como una traición mayor, merecedora de un severo castigo según Hesíodo.

En Teogonía, el mitógrafo beocio nos narra que, durante el reinado de Crono, durante la Edad de Oro, hombres y titanes vivían en armonía. Pero, con el advenimiento Olímpico tras la Titanomaquia, todo cambió. Zeus se impuso tanto a dioses como a hombres, comenzando un proceso por el que distanciaría ambas razas.

En Trabajos y días, Hesíodo continúa relatando cómo, tras la victoria olímpica, se celebró una asamblea entre dioses y hombres para dilucidar qué parte del sacrificio le correspondía a cada uno, siendo Prometeo el árbitro de este suceso y el encargado de hacer las particiones. El titán dividió el sacrificio en dos lotes: por un lado, bajo lo inmundo, las vísceras, se encontraba el alimento, que fortalecería a quien lo ingiriese; en el otro grupo, bajo lo apetecible, se escondían los huesos. Zeus, confiado en que Prometeo no le volvería a traicionar, se guió por la apariencia, enfureciendo poco tiempo después al descubrir la treta. Este episodio para los griegos tenía un carácter meramente didáctico, donde se señalaba no solo la división de las razas, sino una nueva forma de comunicarse entre ellas: el sacrificio. Mediante la quema de hierbas aromáticas y huesos, se representaba la parte inmortal del hombre y el animal, un alimento más para los dioses además del néctar y la ambrosía.

Irritado por los acontecimientos, Zeus escondió el fuego de los hombres, ya que este se encontraba antes en la copa de los fresnos. Con ello condenaba a sus antiguos hermanos a la vida salvaje.

En respuesta, Prometeo toma bando y decide actuar. Vaga por la morada de los dioses fingiendo desinterés y, en una caña de hinojo o cañaheja, que arden lentamente, camufló una semilla de fuego (sperma pyros) para devolverlo al ser humano. Desde entonces y como Prometeo, el hombre tendría que esconder los cereales para que germinasen de la tierra. Sin embargo, este no era suficiente castigo para Zeus.

Por sus acciones, Prometeo fue encadenado en el monte Caucaso para que cada noche, el águila real de Zeus comiese su hígado que se regeneraría durante el día siguiente, condenando al inmortal a una vida de agonía y sufrimiento por desobedecer sus designios. 

Por su parte, el ser humano también debía ser castigado, y es aquí donde hallamos a Pandora. La representación de Freedman de Pandora sigue el mito griego, su curiosidad desató el mal en el mundo, ejemplificado por el artista con distintos desastres donde el fuego está implicado: guerras, erupciones volcánicas, incendios…


Detalle de Legend of Fire. Pandora

Pandora fue el castigo de los olímpicos al género humano por el regalo de Prometeo. Antes de su condena, el titán advirtió a su hermano Epimeteo que no aceptara ningún presente de los dioses. Sin embargo, no le hizo caso. “La bella calamidad” como la consideraría Hesiodo, fue creada como compañera para el hombre, dotada para que ni él ni ella pudieran vivir en paz: Hefesto, como artesano divino, la moldearía dándole un corazón de perra; Apolo y Hermes le otorgarían la astucia y la falsedad; Afrodita y Atenea la vestirían y resaltarían su belleza; y, finalmente, Hera le otorgaría la curiosidad y la inquietud, que le impediría obtener la paz. La mujer nace como una proyección arquetípica de la feminidad divina y, pese a este lado divino, tiene un lado oscuro.

Ante las nupcias de Epimeteo y Pandora, Zeus entregó a la pareja un presente: una caja (o ánfora según la versión), sobre la que el dios les advertiría no abrir. Y así fue, hasta que la aportación de Hera o, según algunos mitógrafos, la intervención divina, fracturarían la paz desatando los males en la Tierra.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

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Gallery of the Street: http://galleryofthestreet.blogspot.com/2012/07/legend-of-fire-harold-freedman.html

GRIMAL, P., Diccionario de mitología griega y romana, Paidós, Madrid, 1997

HINKELAMMENRT, F., “Prometeo, el discernimiento de los dioses y la ética del sujeto”, POLIS revista latinoamericana, 2006, pp. 1-27

ICONOS: www.iconos.it

International Institute of Social History: https://socialhistory.org

Melbourne Australia Photos: http://melbournedaily.blogspot.com/2012/03/melbourne-fire-brigade-mosaic.html

Mural Studio: http://www.muralstudio.com.au/MuralStudio/Harold_Freedman_Tribute.html

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RUBIK MAG: https://rubikmag.wordpress.com/2018/01/12/iconico-prometeo-titan-demiurgo-martir-y-receptaculo-de-esencias/

RUIZ DE ELVIRA, A., Mitología Clásica, Gredos, Madrid, 1975

SANTO TOMÁS PÉREZ, M., “Las imágenes como fuente para el estudio de la Historia”, Castilla ediciones (Universidad de Valladolid), 2009, pp: 105-126


GALERÍA DE IMÁGENES






Carmen Bulpes

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