La unión helenística de Egipto y Grecia a través la figura del Dios Serapis: la creación de una imagen común y su poder de conexión social, cultural y plástico



Sara Daza Ayala y Joaquim Moral Fernández-Juncosa 

Colectivo Art and Mots

 

La creación de Serapis es un ejemplo innovador en la Historia del Arte y la Antropología de creación de referentes con un interés político, basándose en hechos culturales, artísticos y plásticos. Serapis fue un dios sincrético nacido fruto de la unión del panteón Egipcio y Griego, y con su mera existencia y creación, nos abre una infinidad de preguntas y interés en este movimiento social impulsado por Ptolomeo en el siglo IV a.C. Con este artículo pretendemos acercarnos a su figura, centrándonos en este hecho innovador que abarca diversas dimensiones (social, política, cultural, artística, religiosa) y que conectaremos en la serie de artículos que presentamos con nuestra época contemporánea.



INTRODUCCIÓN

El Egipto de Ptolomeo y la Grecia de Ptolomeo se encontraban en puntos y en realidades distintas, aunque se acercaban inevitablemente hacia una unión concertada y eso las situaba más cerca que nunca en diferentes realidades, las cuales antes no habían compartido. Uno de los hechos más visibles de todas las raíces que se tejieron en esta época helenística fué su reflejo en la religión y en su importancia en la vida diaria, un hecho compartido por todas las culturas de la zona y de la unión política. A raíz de esta fusión nos encontramos con la creación de Serapis, un dios creado ambivalente en relación a su naturaleza así como a su iconografía y configuración: elementos de las dos culturas se mezclan en él, que se convierte en la imagen de la unión: un ejemplo claro del poder de la iconografía religiosa y las artes plásticas en la cultura y la política. En este artículo, nos acercaremos a la figura de este dios sincrético, analizando sus elementos plásticos y visuales, y poniéndolos en contexto con el momento histórico y social.


EL MITO DE SERAPIS: UNA DEIDAD SINCRÉTICA Y UNA INTENCIONALIDAD PLÁSTICA

En la época, existía una necesidad de concentrar el poder político en el soberano ya que este era el encargado del orden político y cósmico, por lo tanto se le atribuían orígenes divinos. Como todo dios dispone de su propia historia dentro de la mitología y según la literatura se nos muestra la figura de Ptolomeo Sóter y como a éste se le apareció el dios Plutón/Hades en sueños y le ordenó ir en busca de una estatua a Sínope. Cabe decir que existen distintas versiones dadas por Plutarco y por Tácito con respecto al protagonista de la historia, ya que uno comenta que es Ptolomeo y en cambio en el otro solo se hace mención a un joven. 

En definitiva, según la mitología, la estatua es un objeto que atrae lo bueno. Tan pronto como fue visible esa figura se distinguieron la figura del Cancerbero y la serpiente como emblemas, llegando a la conclusión de que se trataba de la estatua de Plutón. El nombre de Serapis fue puesto por parte de los egipcios, que es precisamente del que se servían para poder designar a Plutón, aunque existen diversas teorías sobre la etimología del mismo. El objetivo era claro: designar una deidad sincrética que ganara la auctoritas y la potestas de dos pueblos profundamente religiosos como era Egipto y Grecia, con sus clases altas influyentes puramente vinculadas al culto propio de cada región, y que habían demostrado anteriormente gran resistencia a la imposición de la realidad política del uno con el otro. El proceso culminará con la creación de Serapis y su razonamiento como patrón de Alejandría y dios oficial de Grecia y Egipto.

Por lo que respecta a la imagen del dios Serapis podemos observar como se trató de helenizar al dios Plutón pero con rasgos egipcios para que así fuera aceptado por ambas culturas. Así poco a poco se fueron transformando e introduciendo nuevos componentes. Se creó un nuevo dúo conformado por Isis y Serapis ya que representaban a Alejandría, la figura de Isis como madre protectora de la família. Pero a Serapis era necesario crearle una imagen propia y singular y se decidió formular una fusión entre el dios Osiris, el dios de lo funerario y la fertilidad, y Apis, dios de la fecundidad a través de la representación del toro. En un inicio, en Egipto se hacía referencia al culto de Oserapis pero fueron los griegos los que helenizaron el nombre bajo Serapis. Por lo tanto Serapis en realidad era la versión helenística de Osiris, aunque éste siguiera apareciendo como dios de la muerte y el mito y en cambio Serapis se consolidó como dios sanador y oracular manifestado a través de sueños proféticos.


Observamos una imagen escultórica del dios en la cual lo identificamos con frondosa barba y cabello, símbolo griego de la sabieza, así como también lo podemos identificar en otras imágenes escultóricas de otros dioses como Zeus/Júpiter. Como ya se ha dicho anteriormente Serapis e Isis formaron un dúo el cual empezó a aparecer con rasgos propios de la iconografía helenística.

La configuración plástica y visual del dios Serapis es una declaración de intenciones en sí misma, sencilla, clara y directa: la fusión de los dos espejos, referentes espirituales y sociales de Grecia y Egipto. Cabe destacar el uso de la plástica religiosa y la fusión basada en este aspecto social como la elección más idonea que consideraron los contemporáneos a la creación del dios Serapis. Formalmente, el dios Serapis se articula a través de una apariencia cercana al dios Zeus, el rey del panteón griego, y la adquisición de elementos puramente Egipcios, como el Kalathos o el Modium, el vaso de medida del grano que el dios lleva en su cabeza, a forma de estandarte. Como afirmamos en esta publicación, la configuración de este dios ambivalente es absolutamente clara y directa: la unión de dos realidades que se hace evidente a través de un uso consciente de la iconografía y la plástica.


¿Qué fenómenos contemporáneos beben de este proceso de creación de una imagen común?

La sociedad griega no tuvo ningún problema en convivir con la religión egipcia: era una religión que respetaban e incluso adoraban a algunas de sus deidades al igual que hacían con sus propias.Así como el culto a Isis que se propagó por todo el mundo helenístico. Los griegos construyeron nuevos templos al estilo egipcio y además impulsaron el culto a Serapis, como ya se ha comentado con anterioridad se trata de una deidad sincrética greco-egipcia para la que erigieron un santuario propio en Alejandría. 

Los Ptolomeos fueron venerados como dioses en vida por sus súbditos autóctonos, pero introdujeron además el culto formalizado a Alejandro Magno. Es por esto que hacia el final del período existían sacerdocios consagrados a cada uno de los antiguos monarcas divinizados. Los sacerdotes se reunían en sínodos en los que promulgaban decretos en favor del monarca reinante, que han perdurado en forma de inscripciones y que muestran los variados fines que podía tener el culto real. Éste se estimulaba visualmente mediante una iconografía particular. 

Cabe decir que la economía de los santuarios de Isis y Serapis fue uno de los motivos fundamentales que propiciaron la difusión de los cultos egipcios en el Imperio Romano. El mantenimiento de los cultos se debía a los fieles, sobre todo al carecer del mecenazgo público que alimentaba a los dioses del panteón oficial. Por lo tanto, la riqueza de los santuarios relacionados con el culto de Isis y Serapis, las estatuas de culto, el número de ofrendas y exvotos depositados en los templos son testimonios que confirman el éxito y poder de los cultos egipcios tanto en la captación de bienes como en la devoción de sus fieles. 

Entendemos y situamos la figura del dios Serapis, y el uso de la estrategia de la creación de la deidad común y sincrética, en el siglo IV a.C de la mano de la figura de Ptolomeo, con la intención de poder crear un culto híbrido en el que Serapis quedara vinculado a Alejandría y además fuera aceptado por griegos y egipcios.  Por lo tanto, podríamos decir que se trata de un dios innovador, en tanto que fue el primer ejemplo que podemos ver de la unión de dos culturas tan distintas. A la vez podríamos decir que se trata de un dios un tanto simple ya que fue creado para la consolidación de un nuevo reino, la población era analfabeta y por lo tanto con un dios nuevo y su imagen era como Ptolomeo y sus sucesores pudieron aglutinar en su persona una cohesión social posible de justificar el poder político y hereditario. 

Ptolomeo consolidó su poder sobre tierras egipcias e introdujo al nuevo dios, ya que se tenía una gran necesidad en la nueva capital de una divinidad tutelar. Este dios debía de recoger diferentes elementos de la tradición egipcia y de la griega como soporte y fundamento del nuevo régimen: creado para poder unir a dos culturas distintas pero consolidadas en un nuevo territorio. La relevancia del fenómeno de Serapis y el acto revolucionario de su creación, existencia y reinado del panteón religioso, no es otro que la demostración del poder de la cultura, así como de la creación de referentes comunes, en este caso, con una gran influencia del arte plástico y de la iconografía en decisiones políticas y de transformación social.


BIBLIOGRAFÍA

GONZÁLEZ SUCIAS, Moisés. “Egiptología 2.0” 113 Especiales - Serapis: el dios sincrético, Nº7 Abril de 2017, Barcelona. ISSN: 2444-6254.

RUBIO, Rebeca. (2009) “Finanzas sacras en santuarios de Isis y Serapis”, Universidad de Castilla La Mancha. 

VALDESOGO, María Rosa (2011) “El arte Egipcio”, Madrid, ISBN: 9788498272284

THURSTON PECK, H. (1898). “Harper's Dictionary of Classical Antiquities”. New York: Harper & Brothers

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