En el jardín


En el jardín

Ejercicio termnado


Se va acercando el verano y da ganas de salir, pasear, disfrutar del sol… ¿Y por qué no pintar un jardín? Seguro que tienes alguno cerca en tu ciudad, ¡si es que no tienes uno en casa!

La pintura de jardines es una subclase del género de paisaje. Los grandes impulsores de este tipo de pintura fueron los impresionistas y, por eso, su técnica es la mejor para abordarla. Lo que importa es la atmósfera, las sensaciones que provoca el lugar; por lo tanto, no hace falta representar individualmente a cada flor, con todas sus características, sino el conjunto.

(Crédito: B.del Rosso)


Te propongo como modelo éste de la foto. Recuerda lo que hablábamos en clases anteriores: pintar a partir de una foto no es recomendable. Te aconsejo que pintes un jardín del natural, que conozcas bien y en el lugar mismo. Si no te sientes cómodo, prueba hacer éste, siguiendo mis indicaciones, y luego inténtalo con el que elijas.

En este ejercicio vamos a incorporar otro concepto nuevo: el de la composición en formato cuadrado. Al ser una figura geométrica con ángulos y lados iguales, la composición tiene que ser equilibrada y simétrica.

Analicemos el motivo. El árbol alto del fondo está ubicado en la línea vertical central. Por otro lado tenemos 3 franjas horizontales: cielo/fondo, zona media con flores más alejadas y primer plano con más flores hermosas. El arbusto de la izquierda marca la diagonal.

El problema que presenta este motivo es que no hay punto focal central, imprescindible en este tipo de composición. Para ello, vamos a cambiar un poco a la Naturaleza: trasladaremos las flores amarillas al centro.

Si estás pintando al aire libre, ¿cómo elegir el motivo? En primer lugar, tienes que encontrar algo que te llame la atención y te guste. Luego busca el ángulo que se adapte a una buena composición. A veces ¡sólo basta con caminar unos metros!

Composición en formato cuadrado


Bueno, dicho todo esto, es hora de ponerse a trabajar. Marqué con lápiz en mi soporte (papel para óleo) las líneas que nos guiarán en la composición. Luego, dibujé con azul ultramar, muy diluído con trementina las zonas de nuestro jardín: hay que marcar el punto central. Fíjate que las dos terceras partes del cuadro son puro jardín.


Ubicamos los elementos.

Como siempre, empezamos por el cielo y desde atrás hacia adelante.

Era un día nublado. Es cierto que con esas condiciones de luz los colores resaltan más, pero si queremos dar sensación de alegría, de plenitud de la naturaleza, conviene cambiar un poco el tono del cielo.

Alguna vez te enseñé a pintar cielos (puedes verlo aquí). La técnica es la misma: ponemos en la paleta blanco de titanio, carmín (laca carminada o carmín de garanza), azul ultramar y amarillo. Vamos dando pinceladas de estos colores en el soporte, de manera aleatoria. En nuestro caso, deberá haber poco carmín y amarillo y mucho azul. Luego, vamos aplicando blanco sobre estos colores: la mezcla se hace sobre el lienzo.

Técnica para pintar el cielo


Una vez que completamos el cielo, representamos las montañas de la lejanía: hacemos una mezcla en la paleta con azul, blanco y un poco de negro y pintamos con este color, difuminando siempre e ingresando en la zona del cielo. Queremos lograr con esto que se funda con la pintura húmeda que aplicamos recién.

Fíjate que no he dejado espacio libre para el árbol.

Trabajamos la parte más lejana del paisaje.

Nos toca ahora pintar el prado, los árboles y arbustos que se encuentran al fondo, a la derecha. Cuando hay que representar vegetación, como en nuestro ejercicio, conviene preparar en la paleta distintos tonos de verde. Tendrás que investigar un poco, intentar distintas mezclas. Te sugiero: azul ultramar + amarillo medio o amarillo limón; negro + amarillo medio o amarillo limón. Luego puedes probar con distintos azules: azul cerúleo, phtalocianina, ultramar claro. Las sombras de la vegetación resultan de mezclar estos distintos tipos de verdes con tierra sombra natural. Si, por ejemplo, estás pintando al mediodía, con un sol fuerte y cielos sin nubes, las sombras serán más contrastantes. Puedes experimentar con distintos tipos de tierras, azul, negro (pero sólo como mezcla: no pintes nunca sombras con negro, al menos en la técnica impresionista).

Para el prado utilizaremos un pincel delgado; la pincelada tiene que ser corta, con trazos pequeños y con variedad de tonos: verdes, amarillos, ocre. Recoge un color de la paleta, lo aplicas, sigues con otro y así…

Los árboles

Seguimos con los árboles y arbustos: usamos el mismo pincel y trabajamos con el verde que resultó de la mezcla de negro más amarillo limón. Estamos trabajando sobre la pintura húmeda; verás que estos árboles se fundirán con el cielo: así es como se logra lo que se llama la “perspectiva aérea”. Si te quedan muy desvaídos, no importa: siempre se puede retocar al final.

El eje de la composición es el árbol más alto. Usamos la misma mezcla y pincel. No se pinta el tronco: el ojo del espectador completa la figura. (Fíjate cómo pintamos los tulipanes, pincha aquí.)

Ubicamos las zonas de sombra.


Avanzamos ahora hacia adelante. Damos una base de verde diluída (azul+amarillo limón) y marcamos con tierra sombra natural los espacios que serán más oscuros, para tener una guía. Para pintar las flores rojas del fondo, seguimos con nuestro pincel delgado y vamos aplicando rojo puro y el verde, en rayitas verticales y en menor cantidad. Para que haya variedad, sobre las pinceladas rojas aplicamos naranja (amarillo + rojo) o directamente, amarillo por encima. Con esto evitamos que el color se agrise ópticamente, a causa del contraste de colores complementarios.

Flores más lejanas

Tenemos otro macizo de flores a domicilio: para ello armamos un lila (carmín, azul, blanco) y lo aplicamos sobre el lienzo, alternando con blanco, azul, rosa, amarillo y verde.

 Macizo de flores lilas, blancas, amarillas y rosas

Vamos ahora hacia el arbusto de la izquierda. Tenemos que usar ahora un pincel un poco más ancho (p.ej., un nº 4) y los verdes que tenemos en la paleta. Alternamos con blanco, amarillo y tierra sombra natural. La pincelada tiene que ser variada, en distintas direcciones.

Arbusto de la izquierda

En la franja delantera, trabajamos las flores pensando siempre en las líneas de composición que marcamos antes: coloca algunas sobre estas líneas. Luego, representa las hojas con distintos tonos de verdes, sin perder de vista esas zonas de sombra que habíamos marcado anteriormente. De nuevo, para resaltar el rojo de las flores y evitar el contraste de complementarios, coloca por encima del rojo un poco de naranja.

Flores rojas, primer plano


Falta ahora el foco de atención, nuestras flores amarillas. Retocamos con tierra sombra natural: el entorno tiene que quedar bien oscuro. Y luego pintamos nuestras flores con amarillo aclarado con blanco.


Flores amarillas: foco de atención

Es probable que cuando tu obra se seque los colores hayan oscurecido. Suele suceder cuando se trabaja con muchas capas de pintura. Si esto te ha ocurrido, vuelve a retocar y refrescar los colores.

Esta técnica requiere un poco de destreza, rapidez, y no pensar mucho en los detalles. Lo importante es el conjunto, la impresión. Tienes que controlar la dirección y el tamaño de la pincelada. Experimenta con mezclas de colores. Es cierto, se gasta mucho material, pero ¡mira lo que hemos logrado!

Ojalá que este verano puedas disfrutar de jardines como éste. Anímate a pintarlos, yo te ayudo.

Hoy aprendiste:
- a pintar vegetación con técnica impresionista
- y a componer en formato cuadrado.

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BIBLIOGRAFÍA
DOERNER, Max: Malmaterial und seine Verwendung im Bilde, 1985
ITTEN, Johannes: Kunst der Farbe, 2000
MAYER, Ralph: The artist’s handbook of materials and techniques, 1991
WILLSDON, Clare: In the Gardens of Impressionism, 2004
©2020 Cristina del Rosso

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