Brillos y reflejos | Sesión 3




Brillos, reflejos y textura



Ejercicio terminado

¿Cómo va tu cuadrito? ¿Viste que no era tan difícil? ¿O sí? Ahora toca lo más divertido: lograr los brillos, los reflejos y la textura de nuestra mandarina.

Así lo dejamos la sesión anterior.

Preparamos nuestra paleta con estos colores. Recuerda siempre seguir un orden: yo suelo poner los cálidos arriba; los fríos, debajo.

Arriba, de izq. a der.: amarillo limón, amarillo medio, rojo
medio, tierra sombra natural. Debajo, de izq. a der.: negro, azul
ultramar

Vamos a trabajar de nuevo el color de la caja de detrás: ésta sirve como calmante entre estos colores tan potentes. Para ello mezclamos rojo+amarillo+negro+blanco, como lo hicimos la clase anterior. Una vez que repasamos toda la caja, vamos a oscurecer un poco nuestra mezcla y pintamos con toda decisión una raya vertical en la cara lateral de esta caja: así representamos su zona de sombras. Te resultará más fácil si usas un pincel del ancho de esa raya.

Volumen de la caja que está detrás

Pero esto no termina aquí. Si observas bien, verás que en ese lado se refleja el verde del fondo. Así que prepararemos nuestro verde y de nuevo repasaremos con verde esta parte. Con tierra sombra pintamos la sombra proyectada de la caja sobre el muro verde. La lata de la derecha proyecta su brillo sobre esta caja de cartón: sobre la pintura fresca, dale unos toques de blanco, siempre difuminando.
Mira la base de la caja. La taza roja proyecta su color sobre ella. Puedes colocar sobre la pintura fresca un poco de rojo. Y con tierra sombra marca la sombra proyectada de la lata de la derecha y oscurece el espacio que hay entre la taza-caja-lata.

Juego de sombras

En el ejercicio del tomate, las relaciones fondo-objeto eran muy simples. Aquí puedes ver cómo la realidad, aunque no lo percibamos conscientemente, es un juego incesante de proyecciones de luz coloreada.

Vamos ahora al lado izquierdo del cuadro. La taza roja proyecta su sombra sobre el fondo: pon a tu mezcla un poco de rojo.  Lo mismo con la lata de la izquierda: aquí tienes que mezclar a tu verde un poco de azul.

Difumina siempre y revisa que los objetos no pierdan sus proporciones y forma.

Seguimos con la taza roja. Ocupa el lugar central y, con semejante rojo, se convierte en protagonista. Aclaramos el rojo con un poco de amarillo, como hicimos con nuestro tomate. Revisamos que la forma esté correcta: si hay que corregir algo, es el momento de hacerlo. Del lado izquierdo de la taza, siempre con la pintura fresca, aplicamos una raya blanca, muy sutil, que es el reflejo de la lata y de la caja blanca. Vamos a la parte superior, en la que se refleja la caja del fondo. Luego, tenemos que modelar el asa: lo lograremos dándole volumen con luz y sombra. Más tarde volveremos a retocar la taza; por ahora tenemos que esperar a que se seque.

La taza roja, la protagonista

Seguimos con la caja blanca. Observa la relación de luz-sombra en cada una de sus caras.

Ahora le toca a la caja blanca.

Vamos a la latita de la izquierda. Mira cómo se refleja el color rojo de la taza de un lado y el verde del fondo, del otro. 

La latita de la izquierda

Los metales muestran todos los colores de su entorno; los que son plateados no tienen color en sí mismos. El oro, el bronce y el cobre tienen su propio color, además del de los objetos que los circundan. Pero no entremos en estas cosas, que ya el asunto es bastante complicado.

Lata de la izquierda, detalle

Lo mismo hacemos con la lata de la derecha. Ésta está volteada hacia abajo, con su base hacia arriba. 
Fíjate que en ella se refleja la caja del fondo y el verde oscuro de nuestro muro, como si fuese un espejo. También hay verdes, rojos y el naranja de la mandarina.

La lata de la derecha

¡Oh, la mandarina! La pobre quedó para el final. De hecho, está ahí con toda la intención. El artista tiene que conducir la mirada del espectador, le tiene que enseñar cómo mirar la obra. Frente a este cuadrito, la taza roja atrapa tu atención; luego, miras hacia la izquierda, te das un paseo por la caja del fondo y terminas con la lata de la derecha y la mandarina… Así es cómo objetos totalmente estáticos de una pintura se vuelven móviles gracias a un entramado de relaciones de color, formas, luces y sombras…

Bien, la mandarina: prepara un naranja (amarillo+ rojo). A una parte de esta mezcla, puedes agregarle negro o un tierra sombra para pintar las zonas oscuras. Para lograr la textura característica de los cítricos toma un poco de pintura con el pincel y aplícala en pinceladas circulares, como si dibujaras espirales o rizos con el pincel. 

¡La mandarina!

En la base de la fruta coloca el naranja más oscuro. Luego, en la zona de luz, aplica de nuevo un naranja con más amarillo. Piensa siempre en volúmenes y sigue con la pincelada circular.



Detalle de la mandarina

Y terminamos con la mesa sobre la que están apoyados nuestros objetos. La caja blanca y la lata de la derecha proyectan luz sobre ella. La taza roja, su color. También, junto con la fruta, proyectan su sombra.

Retocamos la base.

¿Hay algún error que corregir? ¿Qué tal está la perspectiva? ¿Y las formas de las latas y de la taza?

Espero que este ejercicio no haya sido un desafío muy difícil para ti. Nos vemos en las próximas lecciones.  

Hoy aprendiste a
-pintar reflejos de metales,
-a lograr la textura de cítricos y
-a comprender las relaciones de luces y sombras sobre diferentes materiales.

¡Muéstranos tu cuadrito!

Bibliografía
DOERNER, Max: Malmaterial und seine Verwendung im Bilde, 1985
DÜCHTING, Hajo. Bildkomposition, 1990
EASTLAKE, Charles Lock: Methods and materials of painting, 2001
MAYER, Ralph: The artist’s handbook of materials and techniques, 1991

©2019 Cristina del Rosso




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