Cristo de la Clemencia


COMENTARIO HISTÓRICO ARTÍSTICO DEL CRISTO DE LA CLEMENCIA  






FICHA TÉCNICA

  •        Obra: Cristo de la Clemencia
  •        Autor: Juan Martínez Montañés
  •        Cronología: 1603-1606
  •        Estilo: Barroco sevillano del siglo XVII
  •        Material: Madera de cedro con policromía
  •        Técnica: Bulto redondo
  •        Dimensiones: 1’90 metros de altura
  •        Ubicación: Catedral de Santa María de la Sede, Sevilla

CONTEXTO HISTÓRICO

Juan Martínez Montañés nace en 1568 en Jaén, estando España bajo el reinado de Felipe II del que se decía que en sus dominios “nunca se pone el Sol”. Tal fue la importancia de este escultor que obtuvo diferentes apodos como “Lisipo andaluz”, “el Dios de la madera” y hablándose de él como “asombro de los siglos venideros”. En torno al 1579 marcha a Granada con su padre, conociéndose que tendría una formación en el taller de Pablo de Rojas, pero su auge se dará en torno a 1587 cuando según los escritos se establece en Sevilla y asienta su taller. Fallece en 1649 a causa de la gran epidemia de peste que asoló Sevilla, reduciendo la población a la mitad. 

Sólo salió una vez de Sevilla, en 1635 cuando fue a la corte madrileña. Trabajó en escultura de bulto redondo y en retablos, siendo Francisco Pacheco, quien policromara algunas de sus obras.

Dice Manuel Jesús Roldán, historiador del arte sevillano: “Un creador. Un artista. Del siglo XVII y del siglo XXI. Alguien que habló con Dios y que hizo al hombre hablar con Dios. La ciudad se lo pague”.



ANÁLISIS ICONOGRÁFICO Y FORMAL

Obra espectacular como resumen de la misma. Escultura de bulto redondo, realizada en madera de cedro y con gran apariencia.

Es el 5 de abril de 1603 cuando el arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca le encarga a Montañés, un Crucificado y le dará las directrices para que solvente sus necesidades artísticas.  
Las peticiones del arcediano eran las siguientes:


  • Cristo vivo antes de haber expirado. Iconográficamente, sin herida en el costado. 
  • Cabeza inclinada hacia el lado derecho. 
  • Ojos abiertos, mirando a los fieles que se postran ante él para rezarle.

El arcediano compensó a Montañés con 600 ducados, estos añadidos a los 300 en los que se estipuló la obra, más 2 cahices de trigo, por el espectacular trabajo realizado. La obra la encargó para su oratorio privado en la collación de San Nicolás. Leca contaba con poca edad y muy buena posición económica por sus lazos de sangre, por ello se podía permitir el lujo de encargar tal obra a Martínez Montañés.

El arcediano donó el Cristo al Monasterio de la Cartuja en 1614. Situado en la Capilla de Santa Ana estuvo hasta que Sevilla se vio invadida por los franceses en 1810, trasladándose ahora la imagen al Alcázar. Es aquí con la invasión francesa, cuando Sevilla pierde un gran tesoro artístico.
Con la desamortización de 1836, el Cristo es trasladado a la Sacristía de los Cálices en la Catedral de Sevilla y es a partir de aquí cuando se le conoce como “Cristo de los Cálices”. En 1993, se sitúa donde lo podemos ver hoy día con una capilla propia.

Ahora sí en el análisis de la obra, nos encontramos una talla religiosa, con iconografía de Crucificado vivo. Realizado en madera de cedro, tanto la imagen como la cruz. Mide 1’90 metros de pies a cabeza.

Francisco Pacheco se encarga de la policromía, policromía mate, sin presencia de brillos, encarnaciones muy naturales, y escasa presencia de sangre (característica de Pacheco), la justa y necesaria para evidenciar las heridas de Cristo.

Cabeza apoyada sobre su hombro derecho, como si el mundo le pesara, mirada serena y ojos abiertos, fueron las peticiones del arcediano, cuyo fin era que todo aquel que se postrara ante él, sintiera el dolor de Cristo con sólo mirarlo.

La mirada, recuerda a Jesús de la Pasión obra de Martínez Montañés del 1615, donde ambas imágenes parecen perdonar al pueblo de los pecados cometidos, aunque el Cristo de la Clemencia tiene una mirada más directa al espectador. El cabello, totalmente tallado al igual que la corona, impresiona como se clavan las espinas en el rostro.

Detalle del rostro.

Cristo vivo, que se reconoce gracias a la ausencia de la herida del costado. Boca entre abierta, dientes tallados, acercándonos al realismo. La imagen parece coger aire, por lo que el conjunto de ojos y boca, da una sensación de comunicación con el espectador.


El cuerpo, alargado sin presencia de heridas, no más que la sangre que cae desde la cabeza a causa de las heridas provocadas por la corona de espinas. El cuerpo está totalmente proporcionado en todo su conjunto. Venas muy inflamadas en los brazos y pies, quizás por la acumulación de sangre.


Sudario, totalmente barroco, anudado en el lado izquierdo y con bastante movimiento. Exquisito tratamiento de pliegues en el mismo y mucha naturalidad, tiene bastante caída proporcionando mayor realismo a la obra. La cruz de la que pende Cristo es arbórea, un tipo de cruz que es común verla en el barroco.

Detalle del cuerpo completo.


Los pies, punto muy importante. Están en paralelo, la pierna derecha pasa por delante de la izquierda, creando una tensión evidente entre ambas. Se observa la presencia de 4 clavos (1 en cada mano, 2 en los pies), no todos los Cristos cuentan con 4, sino que la mayoría tendrían 3 (1 en cada mano, 1 en los pies). El motivo, la visión de Santa Brígida, monja sueca, cuyas revelaciones fueron recogidas en los tratados de Francisco Pacheco. Cabe recordar que fue Pacheco el que policromó esta obra, y que por ello pudo llegar esta estética de 4 clavos a dicha talla. Existencia de rigidez en los dedos de los pies, quizás a causa de todo el peso del cuerpo.

Detalle de los pies.

CURIOSIDADES

En cuanto a las influencias que recibe Montañés, destacarían dos artistas. Primero, el gran artista italiano del renacimiento, Miguel Ángel, con un Crucificado y el segundo por parte del artista granadino Pablo de Rojas, a través de sus Crucificados. Donde recordemos que es con él con quien se forma Montañés cuando en 1579 viaja con su padre a Granada.

Manuel Jesús Roldán nos cuenta en el libro Juan Martínez Montañés y su obra sevillana que el Crucificado de Miguel Ángel, estuvo copiado por Jácopo de la Duca en 1597, probablemente estuviera difundido por estampas, por lo que lo pudiera haber visto Montañés. 

En cuanto a las salidas procesionales, el Cristo de la Clemencia sólo salió el 2 de abril de 1920 con motivo del Santo Entierro Magno celebrado en la ciudad.

En este punto, destacaré con información puntual y relevante, el paralelismo que hay entre el Cristo de la Clemencia, con otras obras del mismo autor y de la misma temática; la Pasión de Cristo. 



Cristo del Auxilio. De 1603, ubicado en la iglesia de la Merced en Lima (Perú), madera policromada, iconografía de Cristo muerto en la cruz. Presencia de 4 clavos. 

Cuando Mateo Vázquez de Leca le encarga el Crucificado a Montañés, en todo momento el artista deja claro, que le gustaría hacer una obra que se quedara en España, y que no se llevara a las Indias, por lo que dice que este encargo que recibe, deberá ser mejor Crucificado que uno que hizo para las provincias de Perú que sería el Crucificado del Auxilio. Con lo que el artista pondría todo su empeño para superarse en esta obra que quedaría en la ciudad de Sevilla.

Cristo del Auxilio, 1603. Iglesia de la Merced de Lima (Perú).

Cristo de los Desamparados. De 1617, ubicado en el convento del Santo Ángel (Sevilla). Madera policromada, cuenta con una altura de 1.75 metros, de cabeza a pies sin contar con la cruz. La iconografía es de un Crucificado muerto, y se da la presencia de 3 clavos.

Cristo de los Desamparados, 1617. Convento del Santo Ángel, Sevilla.


Por último apartado tendremos, los discípulos de Juan Martínez Montañés, como lo fueron Juan Gómez, Alfonso Álvarez de Albarrán, Juan de Remesal, o Francisco Villegas.

Pero es Juan de Mesa y Velasco, el discípulo que más destaca. De Córdoba llega a Sevilla en 1606, se hace con un contrato de 4 años para formarse en el taller de Montañés, siendo el taller más importante de la ciudad. Son muchos los que consideran que el alumno supera al maestro, pero es complicado compararlos ya que cada uno tiene su esencia en la imaginería, y ambos son maestros de maestros. Son una explosión de arte, cada uno en su ámbito. A Juan de Mesa no se le entiende sin Martínez Montañés, y viceversa, por lo que deberíamos concebirlo a los dos como algo unitario.

Juan de Mesa hace numerosas obras para Sevilla, pero destacaría el Cristo de la Buena Muerte, de 1620, por considerarse según Gabriel Ferreras (historiador del IAPH), como la talla más montañesina del artista cordobés.

Cristo de la Buena Muerte, 1620. Capilla Universitaria de Sevilla. 

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

PASSOLAS JÁUREGUI, Jaime: Grandes maestros andaluces. Volumen III, Sevilla, ediciones Tartessos, 2008, págs. 30-39.

ROLDÁN SALGUEIRO, Manuel Jesús y SILVA CUADRADO, Fran: Juan Martínez Montañés y su obra sevillana. Sevilla, editorial Maratania, 2015.

PASIÓN EN SEVILLA:

Paloma G. Zamudio

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