Juana la Loca



FICHA TÉCNICA

  • ObraJuana la Loca.
  • AutorFrancisco Pradilla y Ortiz.
  • Cronología: 1877.
  • EstiloEstilo romántico, encaja en la segunda generación de pintores de historia (historicismo español).
  • TécnicaÓleo.
  • Soporte: Lienzo.
  • DimensiónAlto 340 cm; ancho 500 cm.
  • UbicaciónMuseo del Prado (Madrid).




CONTEXTO HISTÓRICO 

Obra pintada a los 29 años de este autor, cuando estaba pensionado en Roma por la Real Academia de San Fernando de Madrid, que pertenecería a los autores de la segunda generación de esa época romántica española pero que se puede encajar a la perfección en la pintura historicista. El historicismo es evocar algún momento histórico importante y parece que Francisco Pradilla esto lo hacía a la perfección.

Plasma un momento perfectamente romántico, pues la joven reina acompañó a su esposo ya fallecido en un largo camino desde la Cartuja de Miraflores (Burgos) hasta Tordesillas (Valladolid), ataviada de negro, en un momento de dolor, donde se puede palpar la presencia de la muerte.

Dicha obra fue premiada con una medalla de honor por la Exposición Nacional de Bellas Artes en el año 1878, siendo la primera vez que el autor participaba en un certamen así.


ANÁLISIS ICONOGRÁFICO Y FORMAL

Nos encontramos ante una obra con bastantes detalles donde concretamente aparecen varios planos donde lanzar la mirada.

Vemos en un primer plano un paisaje propiamente castellano, ya que sería el camino desde la Cartuja de Miraflores hasta Granada[1], concretamente esta sería una de las paradas realizadas por el cortejo de Doña Juana para descansar de aquel frío castellano.

Hemos de recordar que Doña Juana I de Castilla se casó con Felipe el Hermoso y a partir de aquí empezaría la dinastía de los Austrias.

La reina quedó viuda muy joven con tan solo 26 años de edad y estando embarazada de su última hija y con la que viviría su cautiverio, la infanta Catalina de Austria.

En la obra podemos observar la figura regia de Doña Juana en un primer plano, con ropa totalmente austera y donde se aprecia el avanzado estado de su embarazo. Tiene la mirada perdida observando el féretro de su esposo, donde reposaría sobre una especie de parihuela con los escudos de castellanos, simbolizando que fue rey de Castilla y con los escudos propios recibidos antes de su matrimonio, después del mismo, y como Conde Palatino de Borgoña.

Detrás de la reina vemos una silla de tijera con un impetuoso cojín. Aparece también el sacerdote que con su túnica blanca es el que le da un toque de color a la escena. Detrás aparece el cortejo en un largo caminar y que los guía una cruz. Se puede ver en los rostros de los integrantes del cuadro, las caras de cansancio, incluso en las señoras que están sentadas detrás de la reina se puede observar en sus rostros el frio ya que muchas de ellas parecen estar abrigadas a parte de sus ropajes, con mantas. Al igual que en los señores que aparecen con grandes ropajes de pieles.

A la izquierda de la composición hay una mujer sentada al lado del sacerdote que parece mirar a la reina con rostro de preocupación igual que el hombre que aparece a la derecha justo detrás de Doña Juana.

Parece que esto sería una amanecer puesto que las nubes y el cielo parecen estar despejado. El fuego se está apagando y se conjuga el humo del fuego con el de las nubes dando así como una cierta pincelada ligera a la obra, usando un esfumato en el centro de la obra.

El viento sopla en el rostro de la reina, donde el rostrillo que complementa su atuendo parece moverse en dirección del aire. La reina cuenta con dos anillos en su mano, simbolizando la viudedad.

Detalle del esfumato, de los puntos de luz,
y del viento soplando en el rostro de la reina. 

La obra parece hacer una especie de aspa donde el punto de encuentro de la dicha sería la reina. Predominan colores oscuros como la base cromática de los marrones pero realmente el color negro solo predominaría en Doña Juana. Hay algunos toques de color en blanco, como la túnica del sacerdote simbolizando así quizás que la única fuente de luz podría ser Dios y así a través de su palabra. También el color blanco se puede apreciar en los rostrillos de algunas de las mujeres que acompañan al cortejo.


CURIOSIDADES

Como curiosidad he de comentar un poco sobre la vida y la llamada “locura” de la reina. Fue hija de los Reyes Católicos, de Isabel I de Castilla y de Fernando II de Aragón. En su destino realmente no estaba el heredar el trono, pues antes que ella estaba su hermano Juan y su hermana la Infanta Isabel.
Juana fue casada con Felipe el Hermoso, archiduque de Austria, era un matrimonio pactado por los Reyes Católicos con el padre de Felipe, el Emperador del Sacro Imperio, Maximiliano. Los Reyes Católicos lo que acordaron ambos dos, más Fernando que Isabel, era casar a cada uno de sus hijos con aliados para así hacerle un encierro a su enemigo francés.

Por ello acordaron casar a Juan con la hermana de Felipe, Margarita de Austria. A Isabel la decidieron casar primero con Alfonso de Portugal y una vez fallecido este se casó con Manuel de Portugal, convirtiéndose en reina del país vecino. A Juana como hemos dicho anteriormente con Felipe, a María una vez fallecida su hermana Isabel, se casó con su cuñado Manuel, y por último la pequeña Catalina se casaría en un principio con Arturo, príncipe de Gales, pero una vez que falleció este, su hermano Enrique VIII la aceptó en matrimonio, casándose con ella y convirtiéndose en una reina muy querida en Inglaterra.

Realmente la locura de Juana hoy día nos la muestran algunas series, libros, y películas como algo fuera de sí. A mi parecer Juana podría tener un desequilibrio emocional, pero no tenía una locura propia de una persona que nace con ella, sino que es como si decimos que el monstruo estaba dormido y que se puede dar la posibilidad de que ese monstruo no despierte nunca o que cuando lo haga, lo haga más vivo que nunca, quizás y a mi parecer esto fue lo que le sucedió a Juana. Se piensa que la locura de la joven reina provenía de algo genético ya que como sabemos su abuela materna, Isabel de Portugal, esposa del rey Juan de Castilla, murió prácticamente fuera de sí. La locura de su abuela se debía a que veía constantemente al válido de su marido y su enemigo número uno, Don Álvaro Luna. La madre de Juana, su Católica Majestad la reina Isabel, no potenció dicha locura, pero si se sabía que era muy celosa y que temía por caer en ella.

Los celos fueron el principal problema de Juana, donde su marido se los potenció cada vez más hasta volverla loca, desequilibrada, y dudosa de sí misma. Si bien es cierto que la joven reina en ocasiones presentaba momentos de lucidez, tomando buenas decisiones en lo que respecta al corto mandato que pudo ejercer. Su padre, la calificó como que era una incapacitada para el poder de reina de Castilla, pero el único fin de Fernando era hacerse con el poder y cumplir la promesa que le hizo a su esposa de cuidar las tierras castellanas.

Una vez fallecido Felipe[1], Juana trasladó los restos, haciendo camino por las noches[2] desde la Cartuja de Miraflores hasta Tordesillas aunque en un principio sería enterrado en Granada pero el cortejo no llegó a tal destino.

Juana en su desequilibrio emocional ordenaba a abrir el féretro todos los días para así saber que seguía siendo su esposo el que descansaba en él. De esta manera, Juana sentía que ninguna mujer le arrebataría a su amado esposo.  

Fotograma de la Corona Partida

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Manuel. Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas. Barcelona. Ediciones Espasa Libros, S.L.U, 2010.

GILES, Tremlett. Isabel la Católica, la primera gran reina de Europa. Barcelona. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U, 2017.

RUIZ-DOMÉNEC, José Enrique. Isabel la Católica o el yugo del poder. Barcelona. Editorial Península, 2014.




Conocimientos adquiridos a través de la serie Isabel, dirigida por Jordi Frades. 2012.

Conocimientos adquiridos a través de la película La Corona Partida, dirigida por Jordi Frades. 2016.


[1] En un principio el destino final era Granada, posteriormente no llegaron a más de Tordesillas.

[2] Las causas de dicho fallecimiento aún se está poniendo en tela de juicio, en un principio se dijo que el rey murió por unas altas fiebres producidas por beber agua fría tras un partido de tenis, deporte del que era un gran aficionado. También se piensa que fue un envenenamiento del que no se descarta como autor al rey de Aragón, Fernando y al posterior regente de Castilla, su Eminencia Reverendísima, Francisco Jiménez de Cisneros. Aunque también otra hipótesis que hay acerca de la muerte de Felipe es a causa de la peste negra.
[3] En una de esas noches, se reencontró con su padre, a quién abrazó con anhelo, pero que no dudó en ningún momento en reprocharle dicha frase como así nos muestra la película de Jordi Frades “La Corona Partida”; “Para ser un buen rey no ha de ser un mal padre”.


Paloma García

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