Biografía de Sandro Botticelli

Detalle de la adoración de los magos, Sandro Botticelli 1475. Temple sobre tabla. Florencia, Uffizi

DE DISCÍPULO A MAESTRO

Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, nombre completo de Botticelli, nació en Florencia en 1444/45, siendo el cuarto hijo de un curtidor, Mariano di Vanni, y de su esposa Smeralda. Vivió en el barrio florentino de Santa María Novella, cerca de la iglesia de Ognissanti, para la que más tarde realizaría el artista algunas de sus obras más significativas.

Fue su estancia en este barrio lo que posibilitó la cercanía a obras como las de Masaccio en Santa María Novella, siendo este el inicio de la pintura renacentista que culminará más tarde en Botticelli. Asimismo, Vasari, en sus vidas, asegura que era un niño inquieto que acudía de mala gana a la escuela, pero que sentía una desmedida afición por la pintura, conociendo de este modo dónde se encuentra el origen de su amor por la misma. 

En cuanto a sus primeros años y su formación inicial, encontramos un manuscrito en una declaración de rentas llamada Portata al catasto. Esta declaración podemos situarla en la Florencia de 1468, en la que Mario, padre del artista, afirma que su hijo de trece años no goza de buena salud y se ocupa en una actividad que el manuscrito no deja muy clara aludiendo a ella como Sta a allegere (leer) o A allegare (engastar). Esto se ha interpretado como una referencia a la ocupación escolar; para otros, por el contrario, hay que entender esto como muestra o referencia de su aprendizaje en un taller orfebre “Sta a legare”.

Esta teoría de formación como orfebre podemos afirmarla con los posicionamientos de Chastel y Deimling, ya que, según ellos, Botticelli se dedicó primero a la orfebrería como muchos artistas de la época. Es precisamente esto lo que le hizo adquirir una sensibilidad para el diseño decorativo de las formas, la cual estará presente en toda su carrera . Esta formación como orfebre se llevó a cabo en el taller de su hermano Antonio, del que aprende el dibujo y el estilo, el cual le servirá para precisar los pliegues, el recorte de las figuras y el gusto por los adornos en los ropajes.

En 1464, Mariano, padre del artista, decide mandar a Alessandro al taller de uno de los pintores más importantes y citados del momento: Fra Filippo Lippi. De este modo ingresa a la edad de veinte años en el taller del fraile, del cual adquiere los contornos vibrantes y las formas armoniosas y estremecidas de luz, así como la formación y conocimiento de la construcción de la perspectiva, la capacidad para articular volúmenes y el amor por los detalles.

Es esta estancia en el taller del fraile lo que hace que sus primeras obras sean motivos religiosos, inspirados directamente en las llevadas a cabo por Lippi, aunque introduce modificaciones y rasgos propios. Son obras muy rígidas que presentan gestos más vivos que los de su maestro. Asimismo, en 1467, su historia se mezcla con la de Verrochio, entrando a formar parte de su taller. Esto será la clave de muchos teóricos para explicar la rivalidad de nuestro artista con Leonardo da Vinci, puesto que este ya se encontraba en el taller y Botticelli le restó protagonismo.

En 1467 se estableció en Florencia y abrió un taller propio a partir de 1470. Su lenguaje formal de esta época un tanto vigoroso nos hace pensar en la influencia de los hermanos Pollaiolo (Piero y Antonio), así como de Verrochio y Leonardo, los cuales le hacen introducir en su pintura valores escultóricos con formas más voluminosas y con mayor elaboración plástica, llevando a cabo de este modo en su pintura un énfasis por la corporeidad.

El periodo que abarca desde 1470-1481 crece en fama y se llevan a cabo prestigiosos encargos relacionados con la familia Medici. En 1472, se inscribió como miembro de la cofradía de pintores de San Luca. Además, ese establecimiento en Florencia y la apertura de su taller, así como la de los primeros encargos, posibilitaron un prestigio mayor y es esto lo que le lleva a recibir el encargo de más calado por parte del Papa Sixto IV, llamando al artista a Roma para llevar a cabo la decoración con frescos de las paredes de la Capilla Sixtina. En esta época consolida su madurez artística y su firma adquiere el valor de 40 florines de oro.

A su vuelta de Roma, podemos observar cómo el pintor ha adquirido su propio lenguaje y  es el momento en el que el círculo de intelectuales florentinos se agrupa en torno a la corte Medicea. Confían a Botticelli la tarea de convertirse en intérprete de la cultura neoplatónica de la época, para así dar cuerpo, rostro y color a las fábulas antiguas y a los mitos de dicho círculo, convirtiéndose de este modo en uno de los grandes maestros florentinos de momento.


Características de su pintura

Botticelli está considerado como el artista más personal del Quattrocento: un artista indiferente al triunfo, lo cual queda manifestado a lo largo de su vida. Trabajó para las diversas ramas de la burguesía Florentina y en concreto para los Medici, así como para los adeptos de la cultura platónica.

En cuanto a características presentes en su pintura, volver a destacar la influencia de su inicial formación como orfebre, la cual le posibilitó convertirse en un narrador vivaz, con mímicas destinadas a propiciar contrastes dramáticos, cuyo objeto en la pintura será la investigación del contorno hilado y la animación de los objetos. Es un artista que pasa del academicismo de su maestro al carácter más personal, demostrando así una gran sensibilidad psicológica y posibilitando de este modo que el lenguaje formal de su maestro se transforme en una fuerza plástica con una gran elegancia propia. Esa elegancia hace que en sus obras encontremos la unión de la armonía de las líneas y la composición, hallando en ocasiones unas sutiles deformaciones que se imponen a la realidad en beneficio de la poesía.

El pintor parece decirlo todo en su pintura, pero sus obras ocultan algo: una cierta melancolía, la cual es elemento clave en su obra. Esta genera en el espectador una incertidumbre, una duda, así como la inquietud que se lee en los rostros de las figuras. Por ello nos sentimos cercanos a su obra pese a todo el contenido neoplatónico que subyace en la misma, ya que la literatura y la cultura hacen mella en su personalidad y obra.

Otras características e influencias no menos importantes son: la asimilación de la miniatura persa ya que existe la posibilidad de que los rollos asiáticos circularan entre las amistades de los Medici. Cabe destacar también la importancia del paisaje en sus obras, que viene de la influencia de artistas holandeses de su tiempo, como es el caso de las pinturas de Jan Van Eyck, Rogier van der Weyden o Hubert van der Goes en 1480. Esta influencia se debe a las relaciones comerciales entre Italia y los Países Bajos. De ellos toma la detallada realización de los motivos, el realismo de las figuras y la captación de los paisajes . Es importante destacar también los paisajes umbríos, influjo que ejerció en su figura Il Peruggino.


Pintura mitológica

1482 es una fecha clave para la trayectoria de nuestro artista, debido a que en esta época lleva a cabo los cuadros mitológicos con los que alcanza la fama, todos ellos destinados para alcobas y con motivos de casamientos mostrando una visión cristiana del amor a través de la figura femenina idealizada con las características de belleza, atractivo y gracia. 

Estas pinturas se llevan a cabo gracias al poder y mecenazgo de los Medici y al nivel cultural de los mismos. Ambos aspectos le permitieron la creación de numerosas obras y la posibilidad de convivir en un clima intelectual que le dejó huella.


Savonarola como mediador de la pintura religiosa y decadencia artística

La última parte de la vida de nuestro artista está marcada por la presencia de Savonarola y la proximidad que Botticelli sintió hacia algunas de las cuestiones planteadas por los piagnone.  En este contexto se enmarcan las últimas obras sacras del artista, las cuales no caen en el uso del descriptivismo ni en el detalle preciosista, pudiendo apreciar una vuelta a los iniciales esquemas arcaizantes.

Los últimos años de su vida y el ascenso de otros artistas relevantes como es el caso de Leonardo Da Vinci, así como las sospechas de pertenecer al grupo de los piagnone tras la muerte de Savonarola, le hicieron perder prestigio. Por esto, su taller fue heredado por Filippino Lippi, uno de sus grandes discípulos e hijo de su maestro. De este modo, Botticelli pasó de ser el artista romántico por excelencia a ser decadente y un mito.

“Al final, ya viejo y desvalido, se arrastraba con dos muletas, y como no podía hacer ya nada más, enfermo, decrépito y en la miseria murió […]” (Vasari)


GALERÍA DE IMÁGENES

Venus y Marte, Sandro Botticelli 1483. Temple sobre tabla. Londres. National Gallery

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Alba Ferrer

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