Visita al Palacio Arzobispal de Sevilla



La Cámara del Arte pudo asistir a una visita guiada, organizada por la empresa cultural Adarve, por el palacio arzobispal de Sevilla para conocer parte de sus fondos pictóricos. En esta entrada, vamos a intentar resumir lo que se puede contemplar en este edificio.

Cúpula de la escalera principal.
En la sede del arzobispado nos podremos encontrar con una gran cantidad de pinturas distribuidas por la escalera principal y 9 salas. Desde la propia institución se insiste en que no es un museo, justificando que su uso diario dificulta la posibilidad de visitas, demás de la deficiente iluminación que en algunas ocasiones complica la posibilidad de contemplar las obras pictóricas, aunque también inciden en que se está trabajando para mejorar ese aspecto.

Escalera

El Cardenal Palafox es el que le da la majestuosidad que se puede observar. Las pinturas de la cúpula son de Juan de Espinal con sabor italiano. Trata de mostrar una simbología del tránsito entre lo terrenal y lo celestial. El cuerpo de escaleras contaba con 20 cuadros de Espinal que no se encuentran hoy en su ubicación original, la mayoría están en la Casa de Betania, ubicada en San Juan de Aznalfarache. El aspecto final se crea en los años 50 con el cardenal Segura, que añade los personajes históricos de Sevilla (San Isidoro, Recaredo, Isabel la Católica, San Leandro…).

Pintura sobre tabla del s. XVI.
Retrato de Luis de Salcedo y Azcona.
Primera sala

Esta sala sirve para distribuir el resto de estancias. Cuenta con dos cuadros sobre la vida de David. Son obras de la Contrarreforma, “David contra Goliat”, la Iglesia personificada en David, luchando contra el pecado y el paganismo que simboliza Goliat, el pequeño puede vencer al grande. La otra pintura es “El rey David con su mujer Abigail”, mujer creyente de buenas virtudes, la Iglesia poderosa y fuerte (David), se tiene que mostrar templada. Es un alegato al matrimonio del sacerdote con la Iglesia.

También nos encontramos con una pintura sobre tabla de finales del siglo XVI (la más antigua del palacio), que representa a la Virgen apocalíptica. Aparece como la representa San Juan en el Apocalipsis.

En otro muro una copia del siglo XIX de una pintura de Murillo, en la que se puede ver a la Sagrada Familia en horizontal y a la Santísima Trinidad en vertical. Doble versión de Cristo, hombre y divino.

Completando la sala el retrato de Luis de Salcedo y Azcona, apartado de todo lo mundano, a través de un cojín para no pisar el suelo. Al fondo, pintura de la Virgen de la Antigua, su gran devoción, él paga la capilla de la catedral. Con otros elementos simbólicos como los misales (devoción) o el reloj (paso del tiempo).

Segunda sala

Se centra la visita en una copia de la Virgen con el Niño de Murillo. Uno de los que se llevó el mariscal Soult durante la invasión francesa. Se cortó por la mitad para su venta por parte de los herederos y se la venden a un noble inglés que quiere obtener la otra mitad. Al final acaba en Liverpool por completo.
Inmaculada. Herrera el Viejo.
Inmaculada. Murillo.
Tercera sala (sala del nuncio)

Despacho del nuncio, representante del papa donde residía la monarquía. Está otra obra de la serie de David y Goliat, que representa el triunfo de la Iglesia Católica contra el paganismo.

De Herrera. el Viejo es la obra procedente del convento casa grande de San Francisco. Representa a la Virgen rodeada de doncellas. El convento las acogía e incluso pagaban su dote si querían casarse. Se hizo para la Hermandad de Vera-Cruz (tuvo capilla propia en el convento), apareciendo el emblema de la corporación en una de las doncellas.

En la capilla de Vera-Cruz también se encontraba una obra de Murillo, que mantiene el corte del arco del cancel de entrada de la propia capilla (hoy cubierto). Es una obra original, en la que aparece fray Juan de Quirós escribiendo las alabanzas a la Virgen. En pleno siglo XVII ya aparece el concepto de la Inmaculada en Sevilla que no se aprueba en Roma hasta el siglo XIX. Es una obra dentro de una obra, con la Inmaculada enmarcada dentro del propio lienzo.

También nos encontramos con un Zurbarán, con el tema “San Pedro arrodillado ante Cristo atado a la columna”. El nuncio es representante del papa, señal de respeto para el nuncio, que tiene que seguir los pasos del primer papa, San Pedro.

Salón del trono.
Cuarta sala (salón del trono)

En el siglo XVIII el cardenal Solís lo crea como sitio representativo, aparecen soles que son emblemas del propio cardenal. Hoy día sólo se usa para recibir a presos y sus familiares una vez al año para que el arzobispo meriende con ellos.

Aparece el escudo de D. Juan José Asenjo. Bandera pontificia, de España y de Andalucía, y el báculo. Pinturas de San Isidoro y San Leandro, dos copias de Murillo del s. XVIII académicas. Frente al trono una pintura de “San Fernando arrodillado ante la aparición de San Isidoro” que le indica cómo reconquistar la ciudad de Sevilla.

A un lado aparece el actual arzobispo, D. Juan José Asenjo. Al otro, los anteriores cardenales de la ciudad, D. Carlos Amigo Vallejo y D. José María Bueno Monreal. La costumbre es que vayan rotando según entra un nuevo arzobispo, pasando el más antiguo a la galería de retratos que comentaremos más adelante.

Yeserías.
Asunción de la Virgen del Oratorio. 
Quinta sala (oratorio)

Espacio privado del nuncio para sus misas. Aquí están algunos de los cuadros de Juan de Espinal que originalmente se encontraban en la escalera. El techo está compuesto por lienzos al estilo veneciano con una pintura central de la Asunción de la Virgen, rodeada del apostolado.

El oratorio cuenta con un excelente trabajo de yeserías, realizadas por los Hermanos Borja.

Arcángel San Miguel. Juan del Espinal. 
Arcángel San Gabriel. Juan del Espinal.

Sexta sala (antesala comedor)

Nuevamente aparecen las pinturas del cuerpo de escalera que ahora están desperdigadas por las distintas estancias del palacio arzobispal. Destacan las pinturas de “San Juan Evangelista y Bautista” y “San Joaquín, santa Ana y la Virgen niña”, ambos cuadros, aunque de distinta temática siguen la misma composición. Interesantes las obras de “San Gabriel” y “San Miguel”, de gran calidad técnica.

Séptima sala (galería de retratos)

Se puede conocer el desarrollo de la pintura sevillana a lo largo del tiempo con los distintos retratos de esta sala. La Inmaculada que preside la sala es obra de Cristóbal Gómez del siglo XVI, que sigue el “Tratado de Arte y Pintura” de Francisco Pacheco.

Inmaculada. Cristóbal Gómez.
Galería de retratos.
Destaca el techo al estilo veneciano con obras de pintores flamencos que siguen la corriente naturalista. Las de mayor formato son escenas cotidianas que nos hablan de la naturaleza, las estaciones del año… Una de las obras de la entrada es muy similar a “La fragua de Vulcano” de Velázquez, por lo que pudo inspirarse en esta pintura para su obra. Este conjunto de pinturas tiene un fin moralizante. La naturaleza está creada por Dios para el hombre, por tanto, el hombre la tiene que cuidar.

Escena de la Pasión de Cristo.
Pintura del Antiguo Testamento. 
Octava sala (salón de las pinturas)

Impera el mensaje de lucha de la Iglesia Católica frente al protestantismo a través de tres mensajes principales, la exaltación de la Iglesia, la dignidad del sacerdote y el aleccionar al sacerdote.
A los pies de la sala se encuentran dos copias de Juan del Espinal de San Isidoro y San Leandro de Murillo.

En el lateral izquierdo, la Pasión de Cristo en la primera línea, desde que es apresado hasta el entierro. La segunda línea está compuesta por los denominados “cuadros estafa”, grandes pinturas con espacios naturales, la escena principal sobre el Antiguo Testamento aparece muy pequeña en la representación.

A la derecha los apóstoles con sus atributos y sus nombres, además incluyen versos del credo.

El techo es un amplio discurso del bien y del mal. Por ejemplo, la escena de la caída del caballo de San Pablo va acompañada a un lado de la Hidra de siete cabezas (representación del mal) y a otro lado la escalera de Jacob (símbolo del bien), siempre podemos escalar a Dios frente al mal.

Techo del gran salón de pinturas.
Techo del gran salón de pinturas.

Álvaro Iglesias

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