Las cien famosas vistas de Edo

Jardín de ciruelos en Kamada (1857)







Utagawa Hiroshige fue un pintor, grabador y dibujante nipón que nació en la ciudad de Tokio en el año 1797. Destacó, principalmente, como grabador, dentro de la técnica de la xilografía y del género ukiyo-e (estampa japonesa). Fue uno de los últimos representantes de dicho género al igual que el célebre Hokusai, conocido internacionalmente por su obra La gran ola de Kanagawa (1830-1833). La obra de Hiroshige trascendió fronteras aún perteneciendo a una Japón muy hermética, teniendo un gran éxito internacional, en especial entre artistas europeos (Van Gogh, por ejemplo) e influyó en otras disciplinas artísticas (Fotografía o cine). Así, de esta manera, corrientes pictóricas europeas como el impresionismo y el modernismo toman, en ocasiones, como referencia, las estampas del pintor japonés. 

Puente bajo la lluvia (1887), Van Gogh.
A través de la xilografía, Hiroshige supo captar a la perfección los paisajes naturales y escenas populares de la ciudad de Edo, actualmente conocida como Tokio. La obra de este grabador está llena de realismo, como demuestra su enorme habilidad para captar escenas cotidianas impregnadas de un gran lirismo debido al carácter subjetivo del autor. A menudo, algunos de sus grabados son acompañados por breves poemas. Quizá ese recurso literario se deba a la influencia ejercida en él por parte de su maestro Ooka Unpo (1765-1848), conocido artista por basarse en creaciones chinas, lo que demuestra la influencia y conjugación de elementos chinos y japoneses en las creaciones de Hiroshige (Además de usar recursos occidentales). A lo largo de su vida realizó múltiples series de estampas, sin embargo la serie más importante fue Cien vistas de la ciudad de Edo (1856-1858). La gran destreza por reproducir el instante justo en escenas naturales, el gran colorido (con especial mención verde y azul), los encuadres y el uso de la perspectiva y la temática costumbrista, todo esto hacen de esta serie uno de los mejores trabajos del creador nipón. Por otra parte, la calidad de estas estampas no hubiese sido posible sin la gran habilidad y profesionalidad de los impresores, a quienes también corresponden parte del mérito de dichas estampas.
 
Contemplación de la luna (1857).
Las cien estampas fueron divididas en cuatro secciones, correspondiendo cada sección a las distintas estaciones del año. A través de un recorrido en sus estampas, el grabador japonés utiliza distintas técnicas y recursos, empleando distintos planos en pos de captar a la perfección la escena que intenta plasmar en cada estampa. Cada escena es un retrato minucioso de Edo donde Hirosighe recrea hasta los más nimios detalles, como por ejemplo el efecto de la nieve y las inundaciones en la geografía de Tokio. Los pintores impresionistas, tras la gran difusión y éxito de los grabados japoneses, alabaron con admiración y gran fervor la obra de Hirosighe, afirmando incluso la importancia del autor japonés para confirmar sus propuestas pictóricas y visuales. Reiterando lo afirmado con anterioridad, Hiroshige plasma en sus grabados tanto escenas naturales como la vida cotidiana de Edo, de esta manera tenemos representaciones de un anciano dirigiéndose al santuario de Atago hasta imágenes del monte Fuji, pasando por escenas urbanas, estancias privadas de un domicilio de la época, animales y otras estampas que muestran algunos de los edificios arquitectónicos más importantes de la ciudad, como es el caso de la pagoda del templo de Zojoji y Akabane.

Fukagawa Susaki y Jumantsubo (1857).

En definitiva, podríamos afirmar que Utagawa Hirosighe fue uno de los artistitas nipones más importante en su tiempo, y uno de los artistas japoneses más internacionales, y que Cien vistas de la ciudad de Edo es un excelente ejemplo del genio nacido en Tokio, destacando por recursos y técnicas que anticipan a las utilizadas por el cine y fotografía, una gran sensibilidad, un gran gusto por lo estético, y un profundo lirismo en sus composiciones.

BIBLIOGRAFÍA:
-BICHLER, Lorenz; TREDE, Melanie: Hiroshige. Colonia, 2015.

GALERÍA DE IMÁGENES:
el Fuji original en Meguro (1857).
 
La barca de Kawaguchi y el templo de Zenkoji (1857).

El almacén de madera de construcción en Fukagawa (1856).

Los puentes Sugatami y Omokage y Jariba cerca de Takata (1857).





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