Un barra en el Folies-Bergère


FICHA TÉCNICA

  • Título: Una barra en el Folies-Bergère (Un bar aux Folies-Bergère: título en francés)
  • Autor: Édouard Manet
  • Cronología: 1882 (Siglo XIX)
  • Estilo: Impresionismo
  • Técnica: Óleo sobre lienzo
  • Ubicación: Courtauld Institute of Art, Londres, Reino Unido

ANÁLISIS DE LA OBRA
Esta obra es una de las piezas más reconocibles del pintor francés, siendo realizada poco antes de su fallecimiento. El Folies-Bergère no es otra cosa que un famosísimo cabaret parisino, y la escena o temática escogida, una representación habitual entre los artistas que componen el impresionismo y postimpresionismo.

La forma frontal en la que se representa la escena nos invita a introducirnos en la misma, enfrentándonos a primera vista con la figura de la camarera en el centro de la composición, situada detrás de la barra. Esta figura de mirada cansada e indiferente, es la protagonista de la escena. 

Vestida con un corpiño de terciopelo negro con cuello y mangas de encaje, abierto sobre una amplia falda gris. Los únicos adornos que aportan color a esta sombría vestimenta, son un ramillete de flores situado en su escote, un colgante dorado sujeto al cuello con una cinta de terciopelo también negra, y un brillante brazalete dorado en su brazo derecho.

Su nombre era Suzon, y parece ser que aunque fue camarera del cabaret, la escena representada fue plasmada en el estudio de Manet, quien ya había realizado bocetos de la decoración que rodea a la figura femenina. 


Sobre la barra del bar se sitúan distintas botellas de champán, cervezas y licores varios; lo que denota los diferentes estratos sociales que visitaban el cabaret. En esta barra de mármol se ha querido resaltar dos elementos decorativos; como unas mandarinas sobre un bello bol de cristal; y un pequeño jarrón de cristal también, contenedor de dos pequeñas rosas.





Puesto que la mujer nos observa de frente, podemos contemplar lo que sucede a nuestras espaldas gracias a un gran espejo horizontal tras la barra. A nuestra derecha observamos el reflejo de ella misma dándonos la espalda, estando conversando con un caballero


Este cliente es Gaston Latouche, amigo de Manet y pintor asimismo, y quien se ha retratado portando la vestimenta típica de la época, aunque sólo podamos observar los blancos cuellos de su camisa, su pañuelo anudado a la misma, o el negro bombín sobre su cabeza. 




A nuestra izquierda, podemos localizar los múltiples palcos repletos de espectadores que contemplan bulliciosamente el cabaret. Se ha reflejado una imagen llena de movimiento  y brillo, dejando patente el claro gusto de la sociedad del momento, por este tipo de entretenimientos. Finalmente, sobre los asistentes se sitúa una gran lámpara de araña, que ocupada la mitad de la escena. Todo este despliegue no es más que el estereotipo de la vida nocturna parisina de fines del XIX.


El crítico de arte y poeta Charles Baudelaire escribió "Vida parisina" relacionada a esta obra pictórica:


"El pintor, el verdadero pintor que todos estamos esperando, será alguien que capture la calidad épica de la vida diaria; alguien que nos haga ver y comprender, mediante el dibujo y el color, cuán grandes y poéticos somos con nuestras corbatas y zapatos de piel patentados". "El pintor de la vida moderna, debía captar las imágenes vitales, narrativas y fugaces de la ciudad contemporánea".

Y al parecer, Manet supo captar esta vitalidad y brillo en una escena dominada por una camarera común, que llegaría a convertirse en un icono y símbolo del individuo francés

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