La primavera

FICHA TÉCNICA
  • Título: La primavera
  • Autor. Sandro Botticelli
  • Cronología: 1480-1481
  • Estilo: Renacimiento italiano
  • Técnica: Temple sobre tabla
  • Ubicación: Galería de los Uffizi, Florencia
ANÁLISIS ICONOGRÁFICO
Nos encontramos ante una obra pictórica realizada por uno de los pintores más destacados del Renacimiento italiano, Sandro Botticelli. Esta obra forma pareja con El Nacimiento de Venus, realizado un año más tarde. 

Esta obra era propiedad de Lorenzo di Pierfrancesco encontrándose en una de las habitaciones de su vivienda en la ciudad de Florencia y posteriormente fue trasladada a la villa de los Médici en Castello. Esta pintura tiene unas medidas de 203 cm de alto y 314 cm de ancho. Este tipo de formato tan grande eran muy usuales en las residencias privadas de las familias poderosas. En “La primavera” se representan a dioses clásicos casi desnudos y a tamaño natural, con un complejo simbolismo filosófico cuya interpretación requería un hondo conocimiento de la literatura y sincretismo renacentistas.

Es una obra impregnada de cultura humanística y neoplatónica de la corte de Lorenzo el Magnífico. Se presenta una atmósfera de fábula mitológica en la que se celebra una especie de rito pagano. Se debate sobre su significado y por su título. Algunas teorías sostienen que el dios Mercurio (el personaje situado más a la izquierda) representa a Julio, el hijo de Lorenzo de Médici, y que la gracia que mira al dios, representa a la amante de Julio.

ANÁLISIS FORMAL
Botticelli opta aquí por un formato monumental, con figuras de tamaño natural, y lo compagina con una gran atención al detalle. Esto puede verse en las diversas piezas de orfebrería, representadas minuciosamente, como el casco y la empuñadura de la espada de Mercurio o las cadenas y los broches de las Gracias.

El cuadro, que debe ser leído de derecha a izquierda, es una escena narrada tanto en el Natura Rerum del poeta epicúreo Lucrecio, como en las Metamorfosis y en los Fastos de Ovidio. En esta última obra el poeta del amor relata el origen mitológico de la Fiesta de Flora (las Floralia), en Roma, durante el mes de Mayo: Flora fue la ninfa Cloris, la Pureza, que exhalaba Flores al respirar. Cefiro, el Dios del Viento, se enamoró apasionadamente de ella, la siguió y la convirtió en su esposa por la fuerza. Arrepentido, la transforma en Flora y le entrega como regalo un hermoso jardín en el que reinará eternamente, la Primavera.

El centro está presidido por Venus-Madre, la Diosa del Amor, que domina el pasado, el presente y el futuro; es el eje de todo, reina sobre el bosquecillo jardín, símbolo del mundo manifestado.
Venus-Madre
El viento Céfiro, azulado y con alas, impetuoso, persigue a la ninfa Cloris, quien desde su cándida y pura naturaleza al penetrar en el mundo-bosque, comienza a florecer. Céfiro simboliza el destino, la fatalidad, el Karma que empuja al alma inexorablemente, la obliga a experimentar y también a dar frutos.
Céfiro

A continuación, encontramos a Flora. Florecida y derramando sus bendiciones al mundo. Botticelli se inspiró en una estatua romana antigua de la Diosa Flora que se conserva en los Uffizi. Simboliza al alma humana que despierta al mundo espiritual. 
Flora

Las tres jóvenes que danzan con los dedos entrelazados y envueltas en velos semitransparentes son las Tres Gracias: La Belleza, a la derecha, la Castidad, en el centro y el Placer a la izquierda. 
Tres Gracias

A la izquierda de la obra, encontramos a Hermes, con túnica corta roja, capacete y espada, es el guardián del bosque. Hermes protege el umbral del recinto entero; una forma griega del Dios egipcio Anubis.
Hermes
Mientras algunas de las figuras estaban inspiradas por esculturas antiguas, estas no eran copias directas sino adaptadas al lenguaje formal propio de Botticelli: figuras de elevada estatura, delgadas, ligeramente alargadas, muy idealizadas, muy dibujadas con unas limpias líneas que marcan los perfiles, cuyos cuerpos a veces parecen artificiosamente estirados y presagian el estilo elegante y cortés del manierismo del siglo XVI. 

Las figuras destacan contra el fondo por la claridad de su piel y sus ropajes, de colores claros e incluso transparentes. Esta palidez en los colores muestra la anatomía del desnudo, que da más volumen a la representación, esta técnica recuerda a la de los paños mojados de Fidias. La luz unifica la escena, incluso parece emanar de los propios cuerpos. La composición participa del fondo arbolado, con un bosque ordenado y vertical para servir de fondo, casi plano y severo, a la danza y al corro. El suelo es una capa de hierba muy oscura en la que están detalladas flores típicamente toscanas que aparecen en el mes de mayo.

La Cámara del arte

La Cámara del Arte es un proyecto puesto en marcha por 7 estudiantes de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. El objetivo de este blog es el de ayudar a alumnos y curiosos a encontrar comentarios e información de calidad, así como fomentar el conocimiento del patrimonio que todos poseemos y que muchas veces nos resulta desconocido.

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